Con el paso de los años la figura de Silvio Rodríguez se ha ido rodeando de admiraciones masivas, filiaciones ideológicas, rechazos, críticas, conciertos memorables y discos de inagotable gozo.
Unos le descubren y les cambia la vida, otros nunca lo harán porque verle de la mano de Fidel Castro es una barrera demasiado alta o porque, increíblemente, no les llena su música.
He de decir que Silvio Rodríguez representó un punto y a parte en mi apreciación de la música en general. Un salto cualitativo para el que en su momento estaba poco preparado, acostumbrado a navegar siempre por estilos musicales que me eran afines, jugando sobre seguro, sin riesgos. Recuerdo que escuchar Al final de este viaje, con los arpegios de Canción del elegido, que abre el disco, y los primeros versos: “Siempre que se hace una historia se habla de un viejo, de un niño, o de sí. / Pero mi historia es difícil, no voy a hablarles de un hombre común. / Haré la historia de un ser de otro mundo, / de un animal de galaxia”; continuar luego la escucha con La familia, la propiedad privada y el amor, Ojalá (¡por entonces, ni siquiera sabía que existía una canción de las proporciones de Ojalá!). Debo partirme en dos y las demás canciones del disco junto a ella, la que más amo en el mundo, aquel otoño en Madrid, fue una de las experiencias más inolvidables de mi vida. Por eso, por la importancia que ha tenido para mi, porque Silvio tuvo la amabilidad de acompañarme en el momento más bello de mi existencia, y por lo que su música significa para millones de personas, Silvio Rodríguez es un artista distinto y esencial, más allá de si tus gustos musicales no apuntan hacia los cantautores cubanos, más allá de tenerle alineado con Fidel Castro.
Al final de este viaje forma junto a Días y Flores (de 1975, titulado aquí en España Te doy una canción), y Mujeres (1979) la primera terna de Lp´s de Silvio, aunque el cantautor de San Antonio de Los Baños llevaba tocando seriamente desde mediados de los sesenta, y sin ir más lejos, muchos de los clásicos de Al final de este viaje ya los había grabado con anterioridad, editándolos en diversos discos recopilatorios. Muchos lo consideran como su mejor compendio de canciones, otros se inclinan por Días y Flores, o por el conocido Rabo de Nube (1980), aunque creo que es justo pensar en cada periodo, los discos de Silvio Rodríguez han sabido situarse, como mínimo, en el notable; sin ir más lejos, su reciente Cita con Ángeles (2003), es una verdadera delicia de poesía tejida con los pequeños, intrincados, siempre sorprendentes acordes de su guitarra y una voz que no deja de estar pletórica aunque Silvio cuente ya con casi 60 años a sus espaldas.
Lo que diferencia Al final de este viaje de muchos otros discos de Silvio es que, en primer lugar, es en esta obra donde podemos localizar Ojalá, la canción-hito, un tema que hace años ha sobrepasado ya la figura de su propio autor para convertirse en arma de los débiles, mano amiga de los desamparados o todo lo que uno quiera que sea; Ojalá es una canción admirada por millones de personas en todo el mundo, pero también es algo que cada uno convierte en lo que desea: una canción protesta, de amor, de odio, de anhelo.
Pero a medida que te adentras en el disco, los caminos se multiplican, y aparecen otros clásicos exigidos y coreados hasta la afonía en cada concierto (Óleo de mujer con sombrero), canciones sencillamente perfectas (La era está pariendo un corazón), testimonios con ritmo y melodía contagiosos de lo que siente el propio artista ante su público (Debo partirme en dos) y alardes de arquitectura musical sencilla y llena de fuerza (increíble, inagotable Qué se puede hacer con el amor).
La música de Silvio Rodríguez tiene el don de la inmediatez y la complejidad, en forma de una alquimia de la que únicamente él parece conocer el secreto. Al final de este viaje es un disco redondo en todo, imposible terminar de descifrar sus secretos, menos todavía igualar sus poderes, a menos que seas el propio Silvio Rodríguez y puedas componer estas u otras joyas que viven en otros mundos de su discografía, como, pienso ahora, Playa Girón, Qué hago ahora (¿dónde pongo lo hallado?), Quién fuera, Te doy una canción y varias docenas más.

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Desde mi modesto punto de vista Silvio Rodríguez firma su más grande trabajo discográfico con el disco “Al final de este viaje” que como bien dices es del año 1978. Canciones bellas y melodías armoniosas se mezclan a letras llenas de sentido.