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Aladdin Sane, de David Bowie (1973)

El quinto álbum de David Bowie Aladdin Sane marca el auge y anuncia el cercano declive del movimiento glam que explotó en los primeros setenta principalmente en la vieja Europa.

El mismo Bowie había creado con su personaje Ziggy Stardust -el protagonista ficticio que el mismo interpretaba en su anterior trabajo, The rise and fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars- el modelo glam por excelencia.

Pero ¿qué era el glam? Se trataba de una nueva forma de encarar la vida basada principalmente en lo estético y en cierto egocentrismo. En el caso del artista de rock, se ampliaba el distanciamiento entre él y su público; la poética cósmica, la sofisticación en la actitud y el vestuario, el maquillaje y la ambigüedad sexual, imágenes clave como las felaciones en escena simuladas de Bowie a Mick Ronson, guitarrista de su banda, son señas que identifican un hacer que removió las placas tectónicas de la música popular durante un corto aunque influyente periodo de tiempo.

Sin embargo, en 1973 Bowie se manifiesta confuso por el monstruo glam que él mismo se ha inventado: el alienígena Ziggy Stardust, un personaje que no existe pero al que todo el público adora, poseedor de una sexualidad que es fruto de todo tipo de rumores y escándalos, una parafernalia de maquillaje, sexo e idolatría que se le iba de las manos cuando tan solo contaba con 25 años. Bowie se propuso seriamente acabar con la locura Ziggy Stardust después del periodo que siguió a la edición de The rise and fall…, “matando” a su personaje y dando un giro total en su carrera, pero finalmente decide alargar la vida de su criatura un disco más y, puesto manos a la obra con un nivel de concentración total, crea una de sus obras más importantes: Aladdin Sane.
Bowie se encontraba en plenitud de facultades creativas, y no se limitará a ofrecer una segunda parte de su exitoso disco anterior sino que, decidido a alimentar su background con las vivencias de su última gira americana en la que es presentado al público estadounidense como la nueva sensación venida de Europa, absorberá los distintos aspectos de la cultura yanqui que se le presentan durante el tour y los volcará en su nueva obra, creando un disco suficientemente distinto a The rise and fall…, de resonancias musicales americanas, que temáticamente bascula entre lo fantasioso y lo apocalíptico, mostrando un universo extraño, alienado, decadente a la vez que definitivamente atractivo.
El espectro sonoro descubierto por Bowie en el nuevo continente dará como resultado una música que sube unos peldaños en la escala de sofisticación que ya dio sus resultados primero con Hunky dory y luego con The rise and fall…. Ahora hay un atrevido piano y distintos tipos de teclados, y ambiciosas piezas arty combinadas con un sonido más directo en muchas de las piezas roqueras del álbum.

Aladdin Sane es el resultado de unos pocos meses de increíble creatividad aunque el resto de década de los setenta fue para Bowie un frenético trip creativo, cada pocos meses regalaba al mundo un disco que conducía el pop a un nivel más y más elevado. Eran días frenéticos los de 1973, conciertos, viajes, adoración de las masas, indulgencias de todo tipo, interminables horas en el estudio buscando el disco perfecto. Poco puede quejarse hoy Bowie, supo aprovechar la flor de su vida como nadie. Trabajó, recogió los frutos de su esfuerzo y se divirtió. Luego, después de la locura que siguió a la edición de Aladdin Sane, un Bowie con los deberes hechos pero exhausto declaraba en el último concierto de la gira en el Hammersmith Odeon que abandonaba los escenarios para siempre, esta vez si. Posteriormente declaró: “Tan solo dije: no volveré a girar jamás, y decía la verdad. Pero 48 horas después me siento y digo: ¿qué he dicho? (…) pero ya era demasiado tarde”. Era un final abrupto, demasiado a buen seguro para los cientos de miles de fans con los que Bowie contaba ya no solo en su Inglaterra natal. Finalmente, él mismo reconoció que decidió no tomarse al pie de la letra sus propias palabras y limitarse a acabar con su alter ego Ziggy Stardust y volver a pisar los escenarios las veces que hicieran falta esta vez simplemente como David Bowie. En todo caso, la muerte de Ziggy fue dulce, la mejor posible: una etapa memorable y un último disco ambicioso, espontáneo, hoy día todavía arrollador.

Temas destacados:
Las 10 canciones de Aladdin Sane se encuentran entre lo mejor de la discografía de su autor, sobran las palabras ante el gancho caliente de la guitarra de Ronson y el estribillo de Cracked actor, el peso lírico de Time o la concisión musical y pasmosa facilidad para componer un tema tan sencillo y radiable como The Jean Genie. Bowie puede acudir para sus actuales conciertos a cualquiera de estos temas sin miedo a quedar desfasado. Me permitiré el lujo de hablar más extensamente de una en concreto, la que a mi entender es una de las piezas musicales más fascinantes de David Bowie:

Aladdin Sane (1913-1938-197?): Maravillosa, ensoñadora oda. La capacidad para asumir riesgos de Bowie no conoce límites en esta una canción atonal, asimétrica, repleta de contrariedades. ¿Podía una banda en el estudio tocar mejor? ¿Por qué designio se regían? ¿Era tanto el carisma de Bowie que todos decidieron dar lo mejor de si mismos?
Lo mejor de la pieza es quizás un sorprendente solo de piano obra de Mike Garson. Según él, Bowie le dio dos acordes básicos como guía y le pidió que improvisará. Entonces Garson se destapó con un solo que era pura vanguardia, repleto de cruces, contrastes, locuras, produciendo en el oyente una sensación de haberse perdido quién sabe donde, ¡con lo bonita que era la canción hasta entonces!, pero en el caos también se encuentra la belleza, y la (de)construcción al piano es un momento mágico, con numerosos puntos culminantes, aunque yo me congelo siempre en el mismo: el preciso instante en el que Garson sale de la locura de jazz futurista y retoma el pulso rítmico de la canción, son 5, 6 segundos que me arrebatan, música trepidante. Extraordinario.
Por entre las afiladas cuñas del solo de Garson el bajo de Trevor Bolder se revela como un triunfo absoluto. Su línea es fácil de tocar, pero adoro ese bajo tanto como a Garson y su piano: esa obstinada sencillez, la invariabilidad (3 notas repetidas más de una cincuentena de veces) y la insistencia en recordarte que a pesar del delirio cósmico del piano, estás todavía en los límites de una canción rock con su ritmo interno bien cimentado.
Bowie por su parte, compone una melodía humeante, densa y deliciosa, que en el estribillo se te deshace en los oídos como un helado al sol del mediodía, canta por supuesto como nadie, y los coros dan un toque más de dulzura a cada verso.
Una canción que aparentemente trata de una Tercera Guerra Mundial, llena de enigmas, pistas a ninguna parte, sabores y texturas. Indispensable lazo que une a este Bowie en la cima con el artista más experimental que no dejaría de sorprender y soliviantar con discos de finales de los setenta como Low o Heroes.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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4 comentarios en Aladdin Sane, de David Bowie (1973)

  1. David Bowie es reconocido desde hace bastante tiempo como uno de los íconos mas respetados en la historia del pop, y bien merecido que lo tiene ya que con discos como el “Aladdin Sane” demuestra que no es un tipo cualquiera y que su corte de músico es muy personal.

  2. Es un gran disco en el que se esconden canciones que para mi son de las mejores del artista.

  3. Simplemente se trata de un disco único y recomendaría a todos escuchar, aunque sea una vez en la vida, el “Aladdin Sane”, de David Bowie.

  4. Yo también opino que “Aladdin Sane” es uno de los mejores discos del mítico David Bowie, un artista no abto para todos los gustos.

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