El wagneriano perfecto. La personalidad artÃstica de Anton Bruckner estuvo condicionada por la música de Wagner, del mismo modo que casi toda la música europea a partir del último cuarto del siglo XIX.
Sobre Bruckner, hombre profundamente vinculado a sus raÃces austrÃacas y a unas costumbres musicales muy conservadoras, debió de actuar con particular eficacia un principio tÃpicamente wageriano: el progreso, “la música del futuro”. Pero ¡ojo! esto no significaba una ruptura con la tradición ni el conservadurismo, sino que, por el contrario, era su continuación natural, su hija lógica.
El compositor clásico Anton Bruckner nació un 4 de septiembre del lejano año 1824 en la aldea de Ansfelden y fue el hijo primogénito (¡de once hermanos!) de un maestro de escuela, hijo a su vez de otro maestro. La música corrÃa por sus venas. Por lo tanto, el pequeño Bruckner creció en el seno de una familia estrechamente vinculada a la música, uno de los fundamentos de la sociedad austro-húngara de aquella época. En Austria, quizá todavÃa en mayor medida que en los paÃses alemanes o en Europa central, la música era -y es- considerada un medio primario de comunicación y socialización, situado casi en el mismo plano que la palabra y la escritura, por lo que formaba parte de la educación básica.
En 1835, su padre decidió mejorar la instrucción de Anton y le envió a casa de un primo suyo, organista, que residÃa en un pueblecito de Hörsching con el propósito de que el niño se preparara más eficazmente para que llegara a ser en un futuro, también, profesor de escuela. AllÃ, en aquel pueblecito cercano a Linz, el pequeño Bruckner, con poco más de once añitos, compuso Cuatro preludios en Mi bemol mayor para órgano y una pieza para violÃn, pero eso sÃ, a tÃtulo de ejercicios. Sin embargo, aquella feliz estancia se vio truncada, quizás por avatares de la vida o no, al enfermar su padre por lo que el joven Anton tuvo que trasladarse de nuevo a Ansfelden. El final fue trágico, su progenitor murió en 1837 y Anton Bruckner fue enviado a la abadÃa de Sankt Florian (institución religiosa cerca de Linz) a fin de terminar sus estudios primarios. Transcurridos unos tres años, en 1840, Bruckner estaba preparado para la fase final de estudios magistrales y, aunque hizo un amago de orientarse hacia la carrera de músico, no tuvo más remedio que obedecer a su madre, que querÃa que fuese maestro de escuela. Y asà fue.
Bruckner, con su magnÃfico diploma de alumno aventajado, fue destinado a la función de maestro ayudante de un pueblecito llamado Windhaag. Por primera vez en su vida, se vio privado de la protección representada hasta aquel momento por la familia o por la comunidad monástica de Sankt Florian. El 29 de mayo de 1845 la vida del musicólogo austrÃaco experimentó un decisivo viraje: salió vencedor en un concurso de órgano celebrado en Linz y fue aceptado como maestro en la abadÃa de Sankt Florian. Era un regreso a los lugares frecuentados durante su más tierna adolescencia, bajo la benévola y añorada protección del prior que lo habÃa acogido allá por el 1837. De este modo, Bruckner permaneció diez años de su vida en la famosa institución de los padres agustinos, donde ocupó el puesto de organista titular (hoy dÃa todavÃa se conserva en Sankt Florian un pequeño museo dedicado al artista austrÃaco). çDurante su estancia en Sankt Florian, Bruckner, habÃa compuesto varias obras, entre ellas Réquiem, compuesto en 1848 con motivo de la muerte de su amigo Franz Séller, secretario de la abadÃa, el Salmo 114 o la Missa solemnis en homenaje a la muerte del prior de Arneth, ocurrida en 1854. Dicho fallecimiento puso fin a su estancia en la abadÃa y el gran musicólogo puso rumbo a la capital austrÃaca, Viena, invitado por el maestro de teorÃa musical de la época Simon Sechter. Anton abandonó el puesto de organista de Sankt Florian para ocupar un puesto análogo en la Catedral de Linz tras haber ganado con éxito un concurso que le proporcionarÃa dicho cargo. Sin embargo, aquel hecho fue decisivo para él, puesto que le aproximó más a Viena. En otoño de 1855 se trasladó a Linz donde formó parte de la Sociedad de Amigos de la Música en la capital de Austria y ocupó el cargo que habÃa pertenecido a su maestro Sechter. Finalmente, se consolidó la fase creadora del compositor y nacieron otras misas: la Misa en Re menor (1864) que constituyó la obra de mayor éxito para Bruckner, la Misa en Mi menor (1866) y la Misa en Fa menor (1867-68), el Cuarteto en Do menor para cuerda (1861), la Obertura en Sol menor (1863, conocida actualmente como la Doble Cero y rechazada por el autor), la SinfonÃa en Re menor (1863-1864) y la SinfonÃa nº 1 que data de los años 1865-66, que , al igual que otras SinfonÃas sufrió una posterior reelaboración y fue interpretada durante el último perÃodo de su vida en Linz.
Hay que destacar que la relación de Wagner con Bruckner ha sido comparada a la de un monarca con un súbdito fiel ya que, Wagner era especialista en este tipo de relaciones lo que no suponÃa que escapase a la mirada atenta el valor que encerraba el tosco compositor austrÃaco. El 13 de febrero de 1883, el gran maestro Wagner murió súbitamente en Venecia y el musicólogo austrÃaco lo supo cuando estaba componiendo el adagio de la SinfonÃa nº 7, como coda de la cual escribió una adición de carácter fúnebre dedicada a su gran admirado amigo.
En 1891 Anton Bruckner fue objeto de reconocimiento general: obtuvo el doctorado honoris causa por la Universidad de Viena. En sus últimos dÃas, además, se vieron honrados con el máximo reconocimiento que podÃa soñar un súbdito del Imperio: el emperador Francisco José, que ya le habÃa distinguido en 1866 a propósito de la interpretación del Te Deum, en 1895 le albergó en una mansión imperial cerca del Belvedere y allÃ, en aquella casa, que representaba de manera tangible el punto culminante del itinerario de Bruckner desde sus humildÃsimos orÃgenes hasta el disfruto del favor del soberano, falleció el compositor austrÃaco un 11 de octubre de 1896.
Los restos mortales del compositor austrÃaco, por propia voluntad, fueron embalsamados y enterrados debajo del órgano de la iglesia abacial de Sankt Florian donde habÃa pasado sus mejores años. De este modo, todo el mundo musical vienés asistió al solemne funeral que se celebró en la Karlskirche para despedir a Anton Bruckner (1824-1896), personalidad simple y en ocasiones ingenua, hombre profundamente vinculado a sus orÃgenes rurales. Ha sido y es objeto de renovado interés, especialmente en lo que a su producción sinfónica se refiere.

Enlaces Patrocinados:
Otros Reportajes:
César Franck »
Johannes Brahms »










Estás en:



Estás en:


Fue un compositor de primera lÃnea. Anton Bruckner era considerado como el representante de Wagner en Viena.
Anton Bruckner contribuyó al desarrollo de la forma sonata mediante la dilatación del material temático en el primer movimiento de sus sinfonÃas.
Anton Bruckner buscaba expresar a través de su arte la misma profunda espiritualidad y religiosidad que gobernaba cada acto de su vida.