En una época de profundos cambios políticos, Bedrich Smetana supo fundir la espontánea musicalidad que emanaba de los bohemios con la tradición culta, asumiendo el papel de apóstol de un renacimiento nacional a través del arte que mejor dominaba: la música.
Como veremos, tanto la existencia como el itinerario artístico del compositor checoslovaco fueron propios de un hombre aislado.
Smetana pasó la primera parte de su vida en provincias. Nació en Lytomysl, pueblecito situado en el nordeste de Bohemia y era hijo de Frantisek Smetana y Barbara Lynková. Fue el único superviviente de los once hijos que tuvo Frantisek de tres mujeres. La fecha de nacimiento de Smetana, 2 de marzo de 1824, lo convierte en unos meses mayor que el musicólogo austríaco Anton Bruckner, que nació en septiembre del mismo año. Su padre era cervecero de oficio y en la época del nacimiento del pequeño Bedrich, se encontraba al servicio del conde Waldstein, ya que la producción de cerveza la ejercía en las dependencias de aristocráticos latifundistas. Así que, el todavía pequeño compositor checo recibió en Ñitomysl sus primeras enseñanzas, entre ellas las musicales, en la escuela de los padres piaritas.
En 1839, el compositor checoslovaco pasó a ser alumno del instituto de Praga para cursar sus últimos estudios. Sin embargo, la fascinación que ejerció sobre él la capital, donde al parecer compuso un Cuarteto, no le permitió dedicarse a los estudios como hubiera deseado su padre y fue enviado a la ciudad de Plzen. A pesar de este cambio involuntario, puede decirse que en el joven Smetana la decisión de dedicarse a la música se impuso por sí misma: sus afortunadas apariciones a salones, incluso públicos, con exhibiciones concertísticas propias de la época, le marcaban un camino verdaderamente rentable. Por lo que se dedicó a componer una producción de breves recopilaciones para piano, en las que es frecuente la polca. Pero el dinero que podía ganar no le duró para siempre… así que, en contra de la voluntad de su padre Smetana regresó en 1843 a la ciudad que le distraía por su belleza, Praga, donde emprendió seriamente el camino que lo convertiría en un gran compositor clásico bajo la dirección del prestigioso maestro y compositor Joseph Proksch. Añadir que, gracias a Proksch, Bedrich obtuvo un puesto de músico en casa del conde Thun y el joven músico entró en contacto con dos grandes contemporáneos: Berlioz y Robert Schumann.
A finales de 1850, nuestro compositor clásico aceptó el cargo de maestro de piano en la corte del antiguo soberano Fernando I, que había abdicado precisamente a consecuencia de la revolución y que había sido sustituido por Francisco José. Aún así, Smetana acudiá periódicamente a la residencia imperial en Praga de Fernando I, lugar donde se había retirado para entretener al ex-monarca tocando el piano. Los años sucesivos de su vida se vieron bañados de felicidad, contrajo matrimonio por dos veces y tuvo varios hijos.
Allá por el 1856 se trasladó a la ciudad sueca de Göteborg haciéndose cargo de la dirección de la Sociedad Filarmónica local, donde obtuvo gran éxito celebrando algunos conciertos, entre ellos uno dedicado al Trío en Re menor de Mendelssohn .
Hubo una vez en la que un director de orquesta, de Göteborg, Johann Herbeck había afirmado que los bohemios no pasaban de ser buenos violinistas, pero no valían nada como compositores. Liszt, gran amigo de nuestro maestro bohemio, para demostrar que esta afirmación no era cierta ofreció una composición para piano del propio Smetana, extraída de las Seis piezas características, exclamando: “¡Aquí tenéis un compositor con un corazón verdaderamente bohemio, un artista por la gracia de Dios!”. Gracias a este respaldo amistoso el músico bohemio regresó a la ciudad sueca donde se lanzó a una fervorosa actividad de difusión de la cultura musical, haciendo que la orquesta y el coro interpretaran composiciones vanguardistas, como algunas corales de Tannhäuser y Lohengrin, a parte del Oratorio Paulus, de Mendelssohn y de la Cantata El Paraíso y la Peri, de Robert Schumann.
Por lo tanto, durante este período sueco, el músico bohemio compuso también dos Poemas Sinfónicos, Ricardo III y El campos de Wallenstein, inspirados en las tragedias de Shakespeare y de Schiller.
Fue muy penosa, finalmente, la última parte de la vida de nuestro compositor, que, después de algunos primeros síntomas, se vio afectado por la sordera: en la noche comprendida entre el 19 y 20 de octubre de 1874, precisamente en el período en que estaba trabajando en los Poemas Sinfónicos de su obra maestra, el ciclo Mi patria, Smetana se quedó completamente sordo. Y cuando ya había conseguido superar aquella merma con una gran actividad creadora, los últimos meses de su vida se vieron ensombrecidos por la locura. En conjunto, la perspectiva de las composiciones del musicólogo bohemio se limitan, de hecho, a los poemas ya citados y al Cuarteto en Mi menor “De mi vida”, mientras que permanecen en la sombra las páginas para piano y quedan ignorados numerosos trabajos teatrales, entre los que sobrevive la ópera La novia vendida, representada por vez primera en el Teatro Provisional en mayo de 1886, ha sido considerada la obra maestra de Smetana.
El compositor checo Bedrich Smetana cerró sus ojos definitivamente un 12 de mayo de 1884, en el mismo sanatorio de Praga donde había estado recluido los últimos años de su vida a raíz de los trastornos mentales que le aquejaban, a sus sesenta años nos dio un adiós …o quizás… un hasta luego ya que, sigue presente para numerosos amantes de la Bohemia.

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