Ritchie Blackmore –guitarrista de rock con Stratocaster blanca y negro riguroso en el vestuario- es un personaje controvertido.
Es famoso por sus rabietas, por su comportamiento asocial, su falta de escrúpulos, la poca talla humana que es capaz de mostrar, por poseer en fin, muchos de los peores defectos con los que pueda estar bendecida una persona y encima no esconderse de ello.
Pero su pertenencia al lado oscuro de la humanidad no es lo que hace de este tipo alguien especial, más que nada porque todos hemos sido alguna vez más cabrones de lo normal, como el bueno de Ritchie, pero firmo aquí y ahora que no atesoramos una milésima de su talento para tocar y crear música con la guitarra eléctrica. Estamos hablando de un genio, alguien que no necesita ser buena gente para ser adorado. Un creador único.
Pero Ritchie Blackmore es mucho más que un artista superdotado para mover los dedos por los trastes de una strato, con pocas discusiones se trata del mejor compositor de riffs de la historia del hard rock. Nadie lo ha hecho tan fácil como él, en pocos segundos ha sido capaz de grabar en los discos de Deep Purple y Rainbow los golpes sonoros que han definido el rock de las últimas décadas. Sin desmerecer a los Iommi, Jimmy Page, Eddie Van Halen etc. creo que Ritchie ha sido el más sobrado de todos, un hombre con una punta de inventiva explosiva, un músico más que completo, que adaptó las progresiones de la música clásica al hard rock, que supo tocar duro y simple en forma de riff, a la vez que maravillar con imposibles solos y sorprendentes improvisaciones.
Pero qué hago, ¿estoy intentando definir a Ritchie Blackmore? Qué estupidez!. Su música se define por si sola, y los adjetivos, como siempre pasa en estos casos, no hacen más que sobrar. Pasemos a otra cosa, ¿qué hacía este divino de las seis cuerdas allá por 1983?
Ese año Ritchie Blackmore era feliz, Rainbow, el proyecto que había empezado en cuanto sallió de aquellos Deep Purple de Glenn Hughes & David Coverdale, le había calmado la sed de ser el líder de una banda con éxito de crítica y público, el deseo hasta entonces insatisfecho de regir los destinos de un grupo hecho a su medida, donde pudieran convivir sus obsesiones medievales, el debido espacio para sus desvaríos de blues y demás improvisaciones, un conjunto de músicos de calidad que no le diesen los dolores de cabeza que le habían dado los Gillan o los Hughes del pasado. Rainbow era su criatura y nadie lo ponía en duda, se había salido con la suya con este combo triunfante aunque amorfo, cuya única referencia y faro era él mismo, ya que despedir a los músicos cuando le venía en gana era una de sus especialidades, un monstruo sin unidad, regido dictatorialmente que sin embargo había parido discos memorables. Y diría incluso: todos los discos de Rainbow son memorables, los de la primera etapa de tono medievalista con Ronnie James Dio como cantante (Ritchie Blackmore´s Rainbow, Rainbow Rising y Long live rock n´roll, de 1975, 76 y 78, además del directo On Stage, del 77), los de la apertura hacia el hard rock de corte radiofónico con Graham Bonnet de vocalista (Down to Earth, de 1979), y la trilogía pop con la suave voz de Joe Lynn Turner (Difficult to Cure, de 1981, Straight Between the Eyes facturado al año siguiente, y este Bent Out of Shape que nos ocupa, de 1983). Cuántos grandes temas, cuántos conciertos irrepetibles (los de la gira del Rainbow Rising, el Donnington con Gram. Bonnet, la última gira japonesa con Joe Lynn Turner…), la carrera de Rainbow está, por su calidad y originalidad, a la altura de la de Deep Purple, indudable.
Bent out of Shape es el último disco de Rainbow, si exceptuamos los directos póstumos y ese tímido, rancio y perezoso retorno de mediados de los noventa con Doogie White de vocalista y un disco, Stranger in us all (1995), que no podía competir en la misma división que todo un Down to Earth. Para este Bent… Ritchie contó de nuevo con su mano derecha en la banda, el aplicado Roger Glover, otro superviviente de la saga Purple, como bajista y productor de probada solvencia (Nazareth, Judas Priest), Joe Lynn Turner de frontman, David Rosenthal a los teclados y Chuck Bürgi a la batería. Consiguieron grabar una gran obra, no un paso adelante ni lo contrario en la carrera del grupo, más bien lo que cabía esperar de esta versión de Rainbow tal y como estaba enfocada desde el primer disco con Turner, Difficult to Cure: melodías arrebatadoras y comerciales, rock duro para ti y para la pija de tu hermana, baladas y rocks alternándose con un Blackmore económico en sus trucos y conjuros y un Joe Lynn Turner maravilloso, segregando de sus cuerdas vocales todo ese sonido 80´s que tan buen sabor tiene hoy en día, escuchado con la perspectiva del tiempo.
Y es que Turner, a pesar de recibir en aquellos años uno y cien palos del sector más heavy de los fans de Rainbow (aquellos que amaban la etapa con Dio y ya les olían mal algunas de las canciones FM del álbum con Graham Bonnet), habiendo sido tratado al poco de ingresar en la banda como un moñas sin actitud por el propio Ritchie, el hombre se supo imponer finalmente a su difícil tarea sin renunciar a su bien más preciado, ese terciopelo sonoro con el que acaricia cada palabra, cada verso. Aunque su imagen sea poco rockera, aunque si, quizás sea un moñas indigno de estar a sueldo en una banda de rock duro, nadie, absolutamente nadie puede cantar un tema como Can´t let you go como lo hace Joe en este Bent out of Shape. Figurando en éste, el más controvertido a la vez que exitoso line up de Rainbow, Joe Lynn Turner se ganó una plaza de honor en el panteón de los grandes vocalistas del rock.
Ritchie había sacrificado su visceralidad y ambición de antaño para asegurar el tiro comercial, aunque sin renunciar a las grandes canciones y a sus explosivas y esquizofrénicas performances en el escenario; ahora tenía en nómina a una banda con un sonido propio a la vez que vendible, tipos en estado de gracia, que facturaban singles Top 40 a punta pala, mientras su management planeaba giras que aseguraban llenos totales en USA y Japón… En 1983 Ritchie era feliz, seguro que si, pero entonces ¿por qué demonios quiso finiquitar todo este tinglado y disolver definitivamente la banda? Varias respuestas: Uno, porque le dio la puta gana y eso, tratándose de Ritchie Blackmore, es una razón bastante lógica, y dos, porque la reunión con Deep Purple estaba a la vuelta de la esquina y ahí había mucho billete verde que ganar.
El hombre de negro continuó dando buenas muestras de su inmenso talento en los años siguientes, pero creo que después de este Bent out of Shape algo en su innata chispa se quedó en el camino, y eso que se perdió entonces, no volvería a recuperarse jamás.
Temas destacados:
Can´t let you go: Un órgano tubular te sitúa en medio de un camino helado, blanco. Hace frío, no estás bien, has perdido algo importante, quizás la has perdido a ella, otra vez, a ella, y ni siquiera puedes llorar porque se te congelarían las lágrimas, el alma, todo.
Estas sensaciones, y las que cada uno quiera añadir, son las que, como el humo de incienso, te invaden al escuchar esta mágnum opus de la música comercial. Qué melodía ¿verdad?, y el órgano, que sirve de colchón constante a una guitarra que respeta ante todo la melodía, el tempo, el sentimiento de la canción. Can´t let you go revienta además en un estribillo arrebatador que te eleva arriba arriba, como hacen los buenos estribillos. Un tema inolvidable.
Street of dreams: Consorte de Can´t let you go, otro single con video clip tipicamente 80´s incluido que acercó la música de Rotchie a un público más variado, no necesariamente rockero. Se trata de una balada excelsa, y de nuevo esa voz de Joe Lynn Turner, a la que el término AOR nunca hizo justicia. Aquí la guitarra de Ritchie se muestra aún más tímida, marcando el riff inicial de forma sutil y surcando el resto de la canción sin despuntar, cediendo todo el protagonismo a los teclados y la voz. Rainbow 80´s al 100%, comerciales, emocionantes, perfectos, nadie puede permanecer impasible cuando Joe te canta eso de “I hear the sound of voices in the night / spellbound, there was somenone calling”.
Desperate Heart: También rockeaban estos Rainbow, quizás no como en el anterior Straight between the eyes, pero sí con esas melodías que, como las baladas, se te pegan en el cerebro como el chicle. De nuevo la guitarra brilla por su ausencia, aunque Ritchie sabía lo que hacía: perezoso como él solo, debía pensar que en el estudio trabajen los demás, luego en el escenario ya se enterarán de quién manda aquí.

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Marc Monje, aunque es muy bueno el artículo sobre el brillante “Bent Out Of Shape” y mereces las cinco estrellas sobradas, me he quedado en cuatro por llamar rancio y perezoso al magnífico, mágico y poderoso “Stranger In Us All”. Muchos años tuvimos que esperar su llegada y cuando empezó a sonar el slide de entrada de Wolf Of The Moon, nuestras almas al fin se volvían a cubrir de felicidad. Intenso de principio a fin, puro y divino. Ritchie Blackmore! Tu nuevo cantante para unos nuevos Rainbow se llama Mike DiMeo y está en las filas de Masterplan. Vampiro, vuelve a morder y haznos feliz!!!