Lovedrive (1979), Animal Magnetism (1980), y Blackout fueron la antesala del millonario Love at First Sting (1984), que convirtió a los Scorpions en una de las bandas super ventas de mediados de los ochenta.
Anteriormente a estas obras, la banda alemana liderada por Klaus Meine (voz) y Rudolph Shenker (guitarra rÃtmica), habÃa obtenido un cierto reconocimiento en los setenta con un estilo de corte hard rock progresivo, en una serie de discos que culminaron con el excelente directo Tokyo tapes (1978). En 1979, situados en una respetada posición a medio camino entre el culto minoritario y el éxito masivo, la banda decide dar un giro a su carrera, dirigiendo su propuesta hacia las ondas de radio y el gran público, sin experimentos ni modernices. Para ello se desharán de la marciana guitarra solista de Uli John Roth, que será sustituido por Mathias Jabs, importantÃsima pieza en el futuro sonido pop metal de la banda.
El cambio se inicia con Lovedrive, y como he dicho continúa con Animal Magnetism y se confirma con Blackout. Los Scorpions abandonan los riesgos, aquellos largos y espaciales desarrollos instrumentales, asà como su nula preocupación por su estética, y entran por la rentable puerta del pop vestido de cuero y tachuela. Pero al contrario que otros, lo hacen bien, firmando discos que habilidosamente contentan tanto con metalheads fans de Judas Priest, como con el público que tan sólo escucha aquello que emiten las emisoras FM, mayoritariamente aquellas power ballads que, prácticamente, inventaron en su concepto más 80´s los propios Scorpions.
Hasta Love at first Sting, los Scorpions supieron estar a la altura con grandes canciones, giras interminables y espectaculares y ventas progresivamente más millonarias. ¿La clave? calidad y comercialidad, dos antagonistas que ellos supieron combinar en sus justas proporciones.
Lamentablemente, después de la resaca de Love at first Sting, con su lista de hit singles, la gira de dos años y el consecuente directo World Wide Live (1985), los Scorpions se encerrarán en sus chalets germanos, vivirán despreocupadamente la buena vida con sus royalties merecidamente ganados y tardarán tres años en grabar Savage Amusement (1988), la esperada continuación de su obra más popular. Para sorpresa de todos, con ese disco empieza el drama: canciones que ya nada tienen que ver con el metal, pop 100%, sin alma ni chispa, con mucha trampa y cartón, un pop que podrÃa sonar en un episodio nunca emitido de Miami Vice, sonido edulcorado hasta el vómito, canciones absolutamente olvidables y una búsqueda infructuosa, alocada y sin sentido de aquello que les habÃa hecho famosos en sus anteriores obras. Ya no componÃan tÃtulos heróicos como Comin´Home o No one like you, ni prototÃpicas y efectivas power ballads como Still Loving You y Holiday, habÃan perdido completamente la inspiración, y lo peor, no tenÃan ni idea de donde estaban ni quienes eran, habÃan perdido su identidad, su facilidad para conectar con el gran público sin perder carácter, la misma tragedia, por ejemplo, que por aquella época estaba viviendo Ted Nugent, inmerso ciegamente en el giro comercial que dio a su carrera con discos tan anodinos como Penetrador (1984) o Little Miss Dangerous (1986). Después de Savage Amusement poco más se puede decir de nuestros escorpiones favoritos. Levantaron por momentos cabeza y aguijón con Crazy World (1990), que contenÃa algún rocker de mérito y Wind of Change, la hermana de Still Loving You, y después, discos mediocres (Face the Heat, 1993), y discos insultantes, malos con ganas (Pure Instinct, 1996, y Eye to Eye, de 1999). Por lo menos, girarán con regularidad y alegrarán a los cuatro fans que les quedan en cada pueblo con los hits de siempre, aunque sin los montajes escénicos que, en sus dÃas de gloria, se podÃan permitir.
Y bien, ¿cuál es el disco más destacado de esos tiempos de gloria de los Scorpions? En mi opinión no hay duda, este Blackout, con la espectacular imagen de Rudolph Shencker en la portada, tenedores en los ojos incluidos, es el disco que deberÃan regalarte en tu primera comunión. Los alemanes componen temas con una clarividencia comercial como si estuvieran recién salidos de un máster de marketing en ESADE, y nunca me cansaré de repetirlo, no estamos hablando de bubblegum metalero de mascar y tirar, aquà hay riffs inolvidables (No One Like You, todo un hito en las radios americanas), rockers interpretados con emoción (You give me all I need), rockers con mala sangre y agresividad (Blackout) y rockers que, además de mala sangre, pondrán con el rabo entre las piernas a tu madre y a tu hermana (Dynamite), sin olvidar las power ballads marca registrada, como la final When the Smoke is Going Down, aquellas en las que Klaus Meine se lamenta de la jodida vida en la carretera, ya sabéis “subo al escenario, como tantos miles de veces antes…”.
Blackout reúne mejores temas en general que Love at First Sting, que contaba con algún que otro relleno para acompañar a los tres o cuatro estelares hit singles. Lógicamente el riesgo de la etapa con Uli John Roth estaba ya olvidado, y la banda pasarÃa lustros sin interpretar en el escenario temas clásicos de sus primeros años como In trance o We´ll burn the sky, pero el cambio habÃa valido la pena, los feos y camorristas amantes del metal necesitaban una banda que penetrase en el bello y tranquilo mainstream, un grupo-bandera que pudieran enarbolar bien alto y con orgullo entre los nuevos románticos y los one hit wonders de los ochenta, y hasta la explosión de Def Leppard, los Scorpions cumplieron perfectamente con esa función. Para un metalhead era un orgullo saber que No One Like You se codeaba en las listas con Spandau Ballet, era como tener un infiltrado vestido con camiseta de Manowar, melena y pantalones de malla en la elegantÃsima fiesta pija del vecino de al lado.
Escuchando hoy en dÃa las canciones de Blackout, desespera todavÃa más ver como llegó a colapsarse tan pronto la buena mano que sobre todo Rudolph Shenker, principal compositor de la banda, tenÃa para combinar riffs duros y dulces melodÃas. Probablemente, la causa habrÃa que buscarla en ese punto en que una banda deja de crear su música de tal manera que guste al mayor número de gente posible, maqueándola para hacerla más comercial pero sin renunciar a su esencia, como podrÃa ser el ejemplo de Blackout, para pasar a buscar desesperadamente lo que quiere la gente, y una vez se sabe, tratar de proporcionárselo sin partir de esa esencia, de la propia personalidad de la banda, como fue el caso del desenfocado e impersonal Savage Amusement. Cuando los Scorpions empezaron a pensar exclusivamente en el público y se olvidaron de ellos mismos, entonces se echaron a perder.

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El disco más glorioso de Scorpions. Recuerdo el dÃa en que me compré el “Blackout” de Scorpions y cómo he disfrutado con esa música.
Yo tengo el disco y todas las canciones de “Blackout” merecen la pena. Es un cd repleto de muy buenas canciones de Scorpions.