En los setenta Black Sabbath fueron lo que el griego Fidias representó para la historia de la escultura, o Caravaggio en la pintura del Barroco, o Manet en el Impresionismo y Matisse para la pintura del siglo XX, creadores que con su poder de influencia fecundaron nuevos movimientos artÃsticos.
Fidias es el creador de la escultura clásica, Caravaggio es uno de los máximos responsables de que el barroco se entendiera como tal… y Black Sabbath, en los setentas, crearon el heavy metal.
Luego en la década siguiente, esta nave nodriza del heavy se desmembró, primero con el abandono de un Ozzy Osbourne en decadencia (1978) que no tardarÃa en resurgir con una imparable carrera en solitario, luego la huida de su sustituto, Ronnie James Dio en 1982, además de la definitiva consumición en el limbo del alcohol y las drogas del baterÃa Bill Ward. En 1983, los dos miembros originales que quedaban en la banda, guitarra Tony Iommi y bajista Geezer Butler, tenÃan una gran responsabilidad: defender la credibilidad de los creadores del heavy metal buscando un sustituto de Dio a la altura y facturando un disco que reivindicase de dónde habÃan salido los sonidos del averno que triunfaban en esos añorados 80.
Lo que en un principio era una relación entre colegas de pub y medias pintas de Guiness, acabó con la cópula más sonada de la década, Ian Gillan, el ex vocalista de Deep Purple, pasaba de ser amiguete a vocalista de Black Sabbath. Iommi apostaba fuerte, huida hacia delante, serÃa el último movimiento a lo grande del grupo hasta su reunión con Dio en 1992.
La noticia tardó en asimilarse, prensa y fans no daban crédito, Ian Gillan defendÃa un rock progresivo muy distinto a las cavernas oscuras con tufo de azufre en las que habitaban Black Sabbath. El ex Purple, que a su salida de la banda de Ritchie Blackmore, John Lord y compañÃa habÃa iniciado una prometedora carrera con su Ian Gillan Band y un par de álbumes (Clear Air Turbulence, de 1977, y su continuación, Scarabus) de notable y original hard rock-jazz, necesitaba en ese 1983 de un golpe de gracia en su cuenta bancaria, a la espera de su reunión con Deep Purple, y no dudó en unirse a Iommi, Butler y un momentáneamente centrado y readmitido Bill Ward. Gillan, consciente de que su imagen no casaba con las cruces y el luto riguroso de Black Sabbath, impuso sus condiciones: vestirÃa a su estilo (cazadora tejana, sin cruces colgando), y en la gira de presentación del álbum que grabarÃan, la banda tocarÃa algún clásico de Purple.
Poco tiempo después del anuncio de la noticia, Sabbath/Gillan editaron el disco prometido: su tÃtulo también prometÃa: “Nacido de nuevo”, Born again, la portada en cambio, era una despreciable obra de pop art gore, que permitÃa intuir que la cosa no iba a acabar bien, el mismo Gillan reconoció que vomitó al verla por primera vez.
Por su parte, las nueve canciones de Born again, han suscitado un debate de extremos que todavÃa dura hoy dÃa, 20 años después. La corriente dominante hasta hace bien poco decÃa que Born again era una horterada musical, una producción nefasta y unas canciones de rastro, impropias de la banda que habÃa creado Master of reality o Mob rules. Pero como los tiempos se rigen por la inefable ley del péndulo, en el 2004, se estila más pensar que Born again fue un disco incomprendido en su época. Yo lo pienso. El heavy de Iommi y Gillan en este disco no pertenece a principios de los 80, es un alumbramiento del trash, de Metallica y Megadeth, de la suciedad que deribarÃa años después en el heavy mortÃfero de Pantera. En Born again los solos son pringosos, las guitarras arenosas, la voz de Gillan repta por las catacumbas, bajo el amasijo de distorsión tejido por Iommi y Butler. Las canciones son polÃticamente incorrectas, comparadlas con la pulcritud técnica, la (bien entendida) comercialidad de Judas Priest o Scorpions, que triunfaban en aquella época en todo el mundo. Trashed o la adelantadÃsima Zero the Hero son lo más revolucionario que han escrito nunca Sabbath, pillaron por sorpresa a los fans pasando del heavy académico de Heaven & Hell y Mob rules a la poco agradecida, casi vanguardista, música de Born again; un salto demasiado arriesgado e impropio de un estilo, el heavy, que enseguida tiende a mirarse el ombligo y repetir fórmulas.
A la edición del disco, le siguió el vómito de Gillan por la portada (luego también dijo que potó al oÃr las canciones) y una gira en la que Iommi y compañÃa quisieron echar el resto: primero volvieron a deshacerse del lastre de Bill Ward y alquilaron los servicios de Bev Bevan, baterÃa de la Electric Light Orchestra (!!!), luego diseñaron un escenario mastodóntico que, en cartón piedra, reproducÃa el mÃtico Stonehenge. Al escenario construido para epatar a miles de fans en todos los grandes pabellones de Europa y América, se le sumó por contraste un Gillan cada vez menos a gusto que ni se sabÃa las letras de las canciones (y feo, feo, se habÃa dejado crecer el pelo de tal forma que ni le veÃas la cara), y un set list que derivó en una sonada polémica, con los acérrimos de Sabbath ofendidos e indignados: en los bises, interpretaban Paranoid seguida de… Smoke on the water! Pero ya habrá tiempo de hablar de esta, una de las giras más surrealistas de los 80 en algún otro rincón de Mundomúsica.
Temas destacados:
Zero the hero: Nunca Black Sabbath habÃan grabado una pieza como esta. Gillan rapea, Iommi repite enfermizamente un riff que luego saquearon Guns n’roses en su Paradise City. Un tema fangoso, nada complaciente, lento y pesado como un bulldozer.
Disturbing the priest: Gillan intenta ser de nuevo el feroz vocalista del In rock o el Fireball de Deep Purple. Casi lo consigue en temas como este o en la power ballad atómica Born again, aunque hay que reconocer que su voz no era la misma, y que su stamina como cantante habÃa sufrido un bajón del que nunca volverÃa a recuperarse. Disturbing the priest es otra pieza del cuarteto de salvajadas trash que son el centro neurálgico de este disco, las otras tres: Zero the hero, Trashed y Digital bitch.

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Otros Reportajes:
Bring The Family, de John Hiatt (1987) »
Blackout, de Scorpions (1982) »










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Black Sabbath, los pioneros de heavy metal grabaron un disco fabuloso, “Born Again”. Canciones trepidantes del más puro estilo Black Sabbath.
Ojo con las 9 canciones que Black Sabbath incluyeron en el “Born Again”: “Trashed”, “Stonehenge”, “Disturbing the Priest”, “The Dark”, “Zero the Hero”, “Digital Bitch”, “Born Again”, “Hot Line” y “Keep It Warm”. Auténticos joyazos musicales de Black Sabbath.
He escuchado comentarios que, en su momento, “Born Again” fue un disco que no terminó de convencer a nadie. Pasado el tiempo, los que decÃan aquellas frases se están dando cuenta de la calidad de las canciones y la importancia de “Born Again” para Black Sabbath.
Creo que quien dijo que “Born Again” era una pachanga debia conocer poco a los Sabbath, pues es de los pocos discos de Sabbath auténticos con un Gillan que ejecuta a la perfección la voz tenebrosa de los Black y un Iommi que recupera la esencia de los rifs.
Gracias por este disco.