¿Qué demonios hacías tu entre el 17 y el 20 de febrero de 1987? ¿Eran días laborables y tenías que ir a trabajar? ¿Ibas al colegio, a la universidad? ¿Preparabas tu disfraz de Superman para el día de Carnaval?
Probablemente lo que la mayoría de nosotros estábamos haciendo durante esas fechas no tenga la menor importancia, por lo menos comparándolo con lo que estaba aconteciendo en unos estudios de grabación de Los Angeles, que era la gestación de uno de los discos más importantes de música americana de los ochenta.
El día 17 de febrero de 1987, John Hiatt entra en los Ocean Way Studios de L.A. acompañado por tres músicos de excepción con los que formará la banda que tocará en su nuevo disco: Nick Lowe al bajo, Ry Cooder a la guitarra y Jim Keltner a la batería. Tres días después, ¡tres!, Hiatt sale del estudio con Bring the Family bajo el brazo. Fueron suficientes cuatro jornadas para completar un decálogo de rock enraizado en la tradición americana cuya influencia no ha perdido peso con los años, el propio Hiatt ha sido incapaz de igualarse en posteriores discos, aunque si ha completado hasta ahora una carrera impecable, donde puedes picotear en esta u otra obra sin temor a equivocarte.
La mecha que encendió estos últimos veinte años de grandes discos regalados por John Hiatt estaba en Bring the Family y esos días de fiebre creativa en Los Angeles. Hasta entonces, el cantautor de Indiana se había labrado una carrera que siempre prometía pero nunca terminaba de cuajar. Tenía experiencia (empezó de muy joven en Nashville, componiendo canciones para otros artistas y tocando en diversos clubs), muchos confiaron en él a lo largo de los años (el prestigioso Tony Visconti accedió a producirle un disco) e incluso a finales de los 70 su compañía trata de lanzarlo estelarmente al mercado etiquetándolo como la versión yanqui de los nuevaoleros Graham Parker y Elvis Costello, pero al final del día, los discos de John Hiatt a penas concitaban reseñas positivas y ventas destacables.
En 1985, con una ya larga carrera que no despega, la vida de John hace aguas por todas partes, está metido en la botella hasta el fondo y su segunda mujer se suicida. Al año siguiente se pone las pilas, entra en rehabilitación, se casa de nuevo y firma un nuevo contrato discográfico. Pero para que el Sol vuelva a iluminar su vida completamente, le hace falta encontrar la chispa que le permita grabar un disco que, por fin, le sitúe en el lugar donde merece, para ello, como si actuara a los sones de la canción With a little help from my friends de los Beatles, contará con sus amigos Nick Lowe, Ry Cooder y Jim Keltner, que le confían su talento como banda de acompañamiento y le dan la confianza y el apoyo necesario para sacar lo mejor de si mismo. Ahí estaba la mecha, y bastaron cuatro días para que Hiatt creara su mejor disco y colocara su carrera en la pista correcta. Una bonita historia, ¿no?
Las canciones de Bring the Family son la sincera respuesta de un artista saliendo del hoyo y componiendo como un maestro (Dylan, Iggy Pop, Bonnie Raitt y muchos otros han grabado versiones de Hiatt), y el talante y talento de la super banda que formaba con Lowe, Keltner y Cooder. La elegancia de Lowe, la sequedad de la batería de Keltner y sobre todo la slide de Cooder, que marca el signo expresivo de todo el disco, confieren a Bring the Family una personalidad irrepetible, tanto que, cuando en 1991 los músicos vuelven a juntarse con el nombre de Little Village para grabar un nuevo disco, no consiguen crear la misma química, la mecha ya no estaba, quizás se la había quedado Hiatt, lógicamente quién más se benefició de lo que significó Bring the Family, un disco que serviría de faro y referente para el resto de su carrera.
Temas destacados:
Memphis in the meantime: Primer tema, y pieza definitoria del estilo Hiatt en el futuro, donde se marca también los espacios sonoros por los que se moverá Bring the Family: cada instrumento queda bien definido, la batería de Keltner y la guitarra de Cooder interactúan en cada compás, encontrando siempre el guitarrista ese hueco para colocar el relleno eléctrico perfecto. Con su ritmo entrecortado y fuerte aunque nunca termine por arrancar, con un texto que demuestra que Hiatt no es un letrista rock al uso, con su originalidad, Memphis in the meantime, tal y como la escuchamos aquí, es insuperable, el mismo Hiatt se ve con dificultades para acercarse a la garra de esta versión en sus conciertos.
Alone in the dark: La slide de Ry Cooder es un regalo del cielo. Cómo esculpe la línea rítmica de la canción para ofrecer algo interesante a cada segundo de estos 4 minutos y pico de cielo musical. ¿Mi tema favorito de Bring the Family? No es un clásico, Hiatt no la suele tocar en directo, Alone in the dark permanece infravalorada y amilanada en el track list del disco, entre dos gigantes como Memphis in the meantime y el tercer tema, el conocido Thing called love, pero por su oscura ambientación, el atrezzo que dispone cada músico en la partitura, y por cómo canta Hiatt cada frase, solo, en la oscuridad, como no podía ser de otra forma, “It´s extreme self pity / And frozen fear / ´Cause I want you near me / And you´re not here” canta el de Indiana mientras rasga su inseparable acústica, por estas razones, Alone in the dark, agónico un canto al vacío vital que provoca la falta de amor, es un lugar al que reconforta acudir a compartir penas, quejas y suspiros.
Have a little faith in me: Un seminario de baladas al piano tendría que haber impartido John Hiatt en algún fin de semana que le quedara libre, Billy Joel se lo habría agradecido. Have a little faith in me emociona en su sinceridad expositiva: balada y piano, dos elementos que en manos del peor Elton John cae en lo redundante, en ese puré insípido mil veces digerido, pero que en este caso, ¿quién puede negarle a Hiatt el beneficio de la duda? Su desgarro lo redime, no canta, se confiesa, le basta con repetir cuatro veces en el estribillo la frase “Have a little faith in me” para que le creamos y roguemos también por un poco de fe para nosotros. Luego, cuando Hiatt rompe el tema en la parte final de corte soul, con “Well I´ve been living you for such a long time, girl / expecting nothing in return, just a little bit of faith in me / You see, time, time is our friend, ´cos for us there is no end, and all you got to do, is have a little faith in me”, en esos instantes, nos abandonamos a él, al poder que un tipo con un piano tiene de parar el tiempo y conducirnos por aquellos rincones a los que tan poco suele llevarnos la música actual.

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Hace muchísimos años que nadie me hablaba de este disco y lo has hecho genial. Marc Monje, te felicito y por favor, no dejes de escribir.