“Donde ponÃa la voz, hacÃa oro”.
Enrique Morente
Con 8 años empezó a cantar en público, en la población de San Fernando, Cádiz, donde habÃa nacido en 1950.
Con 16 años ya canta profesionalmente. Lo premian en el Festival de Mairena de Alcor.
Con 18 años graba su primer disco y une sus esfuerzos con Paco de LucÃa, quién con 21 años era una de las más firmes realidades de la guitarra flamenca.
Con 29 años cambia la historia del flamenco con el álbum La leyenda del tiempo, grabado en 1979.
Sin duda, Camarón de la Isla, más tarde Camarón a secas, de verdadero nombre Jose Monge Cruz, fue un artista precoz. Llevaba el cante en el alma y en el cuerpo, como también lo llevaba su propia familia y el lugar en el que nació, donde el chaval puedo impregnarse de jondura desde niño. Este pronto nacimiento del Camarón cantaor adolescente, uno más entre los muchos jóvenes fascinados por la tradición del cante flamenco, y más tarde la explosión del cantaor genio que cambia el rumbo histórico de todo un arte como nunca lo habÃa hecho nadie antes, tuvo en si mismo la lógica de los tréboles. Porque lógico puede ser que en un campo lleno de tréboles, te puedas encontrar una vez en la vida con uno de cuatro hojas.
La confirmación de Camarón de la Isla como nuevo mito del flamenco se produce en los años setenta, concretamente entre 1969 y 1977, cuando graba nueve discos bajo la dirección artÃstica del padre de Paco de LucÃa, Antonio Sánchez Pecino, y con la misma guitarra del hijo de este. Poco a poco, disco a disco (La Canastera de 1972, Soy caminante, de 1974, Arte y Majestad del 75) el dúo de voz y guitarra fue aglutinando seguidores, acercando a neófitos al mundo del flamenco, convenciendo a no pocos aficionados de siempre y levantando ampollas en los más tradicionalistas. No estaban dispuestos a cantar cada palo como se habÃa hecho siempre, o como el mismo Camarón dijo en una ocasión: “El flamenco está hecho, pero sobre lo hecho, se puede ir creando sin engañar, sin mistificar, ¿por qué tenemos que hacer todos la soleá exactamente igual, como si fuéramos un disco? Si yo puedo añadirle algo propio, enriquecerla, sin desvirtuar lo que es el cante por soleá, ¿por qué no voy a hacerlo?”.
Con esta primera etapa, Camarón se situaba en un punto y aparte de todo e flamenco anterior, un paso más que los Pepe Marchena o El Cabrero del pasado.
Después de esta primera etapa artÃstica, en 1979 Camarón lleva un tiempo apartado de los circuitos musicales, pero el público no tarda en poder adquirir en las tiendas su nueva obra, La leyenda del tiempo.
Mucho se ha escrito, debatido y valorado sobre este disco, y lo cierto es que todo hace pensar que la perspectiva del tiempo no hace sino aumentar sus ventas (exiguas en su momento, pensemos que para 1992, año de la muerte de Camarón, se llevaban vendidas poco más de 6000 copias), e incrementarse también su importancia histórica.
Camarón presentaba nuevo productor, Ricardo Pachón, quién habÃa trabajado anteriormente con Lole y Manuel, nuevo guitarrista, Tomatito, jovencÃsimo prodigio de quién ya no se separarÃa en toda su carrera, y un nuevo grupo de colaboradores entre los que estaban el grupo Dolores, Raimundo Amador, Kiko Veneno y algunos componentes de los Alameda. Atrás quedaba ya la época en que camarón compartÃa su destino artÃstico con Paco de LucÃa y Antonio Sánchez Pecino, ahora el de San Fernando querÃa algo nuevo, divertirse, jugar con el flamenco.
El resultado fue un artefacto en el que el repertorio flamenco, compuesto en su mayor parte por Ricardo Pachón y que incluÃa 5 adaptaciones de Lorca, se ve transportado a otra dimensión, donde aparecen por primera vez combinaciones de bajo, baterÃa, percusión, moog, piano Fender, guitarra eléctrica y sitar. Camarón creó un nuevo y maravilloso engendro donde el cante de su tierra, al que él jamás perdió el respeto, se daba la mano con el rock, el jazz y la cultura oriental. A todo esto, a nivel de imagen, Camarón ya no era el pequeño gitanillo rubito de las primeras portadas con Paco de LucÃa, ahora, en La Leyenda del tiempo, aparecÃa de espaldas, en la penumbra, con barba y sin el “de la Isla” que habÃa acompañado a su nombre desde el principio de su carrera.
El chute definitivo que Camarón habÃa aplicado a la tradición flamenca se vio tristemente recompensado por un rechazo unánime de sus seguidores más conservadores, incluso cuentan que algunos gitanos mayores devolvieron el disco a las tiendas diciendo que aquello no era de Camarón.
Quizás amedrentado por lo que él mismo habÃa creado, Camarón prometió que su próximo disco serÃa más flamenco y tradicional.
Siguió elaborando nuevas obras de importante calado, aumentando el mito mientras su vida se metÃa más y más en el túnel de la droga. Grabo los imprescindibles Como el agua (1981), Calle Real (1983), Viviré (1984), con el que las ventas empiezan aponerse a la altura de la importancia artÃstica de Camarón, y Te lo dice Camarón (1986).
Soy gitano (1989) fue disco de oro se convirtió en su disco más vendido. Estábamos a las puertas de la aceptación pública del flamenco fusión y de las masivas ventas de grupos de nuevo flamenco como Ketama, y en eso Camarón habÃa tenido mucho que ver.
La preciosa portada pintada por Miquel Barceló para el disco Potro de rabia y miel (1992) era una inmejorable antesala para una obra llena de fuerza en un momento en que muchos decÃan que hacÃa años que Camarón ya no cantaba igual. El astro flamenco grabó el disco ya enfermo, de nuevo con Paco de lucÃa, como en los viejos tiempos, y se despidió de la forma más emocionante que uno pudiera imaginar.
Aunque algunas voces se muestran contrarias al ensalzamiento sistemático de la figura de Camarón (leà una sincera declaración al respecto del cantaor José Menese: “No se puede negar que Camarón tuvo una inteligencia natural para el cante, y siempre le consideré un buen amigo mÃo; pero eso no quita la verdad, no llegaba ni mucho menos al nivel de Mairena. (…) Lo de Camarón, sin negarle su importancia, fue y es un fenómeno polÃtico, comercial”), su mito no hace sino crecer al paso de los años. Precisamente, después de varias antologÃas, cajas recopilatorias, conciertos inéditos y libros biográficos, en el 2005 le llegó el turno al cine. Desgraciadamente, Camarón, la pelÃcula dirigida por Jaime Chavarri, es una blandÃsima aproximación a la vida del genio. Uno la ve y sales del cine igual que has entrado. Has presenciado una meritoria sesión de playback a cargo de un buen actor que mimetiza con pasión cada uno de los gestos de Camarón, pero nada más. No sabes nada de lo que habÃa detrás de su inagotable creatividad, tienes la sensación de que el biopic ha sido más cauto que justo, como escribÃan en la revista Rock de Lux, el film es un “idealizado biopic lleno de postales arquetÃpicas donde podemos ver a Jose Monge en la playa montando a caballo, pero en ningún momento metiéndoselo”. Qué pena. Igual que si uno escucha La Leyenda del Tiempo sin haberse acercado nunca al flamenco, puede, gracias a la magia de este disco, interesarse por este arte, dudo que nadie que vea el film de Chavarri vaya a salir corriendo a averiguar quién es ese Manolo Caracol o ese Tomatito de la pelÃcula.

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Camarón es el más grande y jamás podremos olvidarle. Él fue un artista única y es una lástima que se fuera tan pronto de este mundo.