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Decoration Day, de Drive-by Truckers (2003)

El sur está de enhorabuena desde que un grupo llamado Drive-By Truckers editó una obra titulada Southern Rock Opera, en el 2001, y casi tres años más tarde otra, Decoration Day, con las que se apoderaron de la codiciada espada artúrica del southern rock.

Nadie mejor que esta banda para guardar el tesoro de las esencias de Lynyrd Skynyrd y las tierras de Alabama y Mississipi.

Empezado ya el (musicalmente) desalentador siglo XXI, existe una banda que en sus discos reflexiona a cerca del lugar de donde viene, y crea música que brota de la misma tierra que les ha visto nacer. La música de Drive-By Truckers es real porque procede de lo que los ojos de sus creadores han visto, no son elucubraciones de futuro ni pasado, son vividas, nunca tópicas, postales del sur de Estados Unidos, el que amamantó las tres guitarras de los Skynyrd y ahora hace lo propio con otra tríada, la de Patterson Hood, Jason Isbell y Mike Cooley, podio guitarrero y creativo de Drive-By Truckers.

Decoration Day, para mi gusto la mejor obra de Drive-By Truckers, a pesar de que el reciente The Dirty South (2004) es tan buena elección como el disco aquí comentado, es una obra clásica porque a uno le da igual el año en que se editó. Como parecen ocurrir con todos los discos de Drive-By Truckers, se trata más que de simples compactos de canciones, de testimonios, el legado de una forma de pensar y ver la vida, siempre con un manto musical a la mejor tradición sureña, rock a tres guitarras, temas que atraviesan las raíces del blues, el country y el folk para, asidas con la sabia mano del sur, convertirlas en un southern rock transmisor de bellas historias de la tierra.

Hablando de historias, porque Decoration Day es ante todo música del tipo “cuenta cuentos”, van desde la dura vida en las granjas, el divorcio, novias plantadas en el altar, la muerte del amigo cercano hasta la gran mentira del rock n’roll, la gran verdad del rock n’roll, los peligros de la vida en la carretera, el suicidio, el peso de la tradición familiar, los consejos paternos que nunca olvidamos, el acoso de los bancos, siempre detrás del dinero que ganamos honradamente, el incesto… Difíciles situaciones dadas en la vida de personas obligadas a vivirlas con entereza. Historias creíbles porque te las cuentan con música creíble.

Llaman “decoration day” al día en que los fieles de las iglesias del sur van a dejar flores a las tumbas de sus seres queridos. Y Decoration Day son también 15 canciones-historias cinceladas por la banda durante dos semanas en un estudio de Athens, casi en directo, a la primera o segunda toma. Al estudio del blues, folk y country en clave de rock, como ya he dicho, se añaden golpes de psychobilly, la doliente alma de Hank Williams, la energía del John Mellencamp más progre, el de Down and Out in Paradise, y la electricidad constante y sólida de Crazy Horse. Eso y la personalidad de Patterson Hood y el resto de la banda. Decoration Day es el fruto magno de una banda currada en centenares de conciertos rematados con horas de resaca, autocares atravesando campos de algodón e interminables zonas industriales y cientos de historias de la carretera. Una de las más claras obras de rock atemporal escuchadas en los últimos años, pedazo de prueba para los que dudan de la capacidad de las nuevas generaciones para parir discos con fuste clásico. Yo hacía años que no olía algo tan clásico como esto. Escuchadlo, empapaos, y salud.

Temas destacados:

The deeper in: Primer tema del disco y extraño texto acerca de una chica que comete incesto con su hermano, a quién no veía desde hacía años. Basada en un hecho real, la vestimenta musical para este drama que termina con sus protagonistas en prisión, es un country acústico, plácido, idóneo para situarte en el carril correcto para disfrutar del resto del disco.

Sink Hole: Trepidante crónica del granjero acosado por el banco, dispuesto a quedarse con las propiedades que han pasado de abuelos a padres, y de padres a hijos. La canción termina con el granjero imaginándose lo bueno que sería enterrar al banquero en un hoyo bien profundo, después de haberle invitado a una copiosa cena de te, roast beef con patatas y pudding de plátano.

Hell no, I ain’t happy: El tema más rockero del disco. Lo que en un principio son reflexiones de la vida en la carretera, gracias a la toneladas de armazón guitarrero y a un rabioso, radiante estribillo, se convierte ya no en el single que debería haber arrasado en todos los Billboard del mundo, sino en un himno de fuste generacional. Hell no, I ain’t happy es la proclama por la que habrían matado tantos grupos en los primeros noventa del grunge.

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