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Enrique Bunbury

Bunbury es uno de los grandes nombres del panorama musical español y latinoamericano. Un auténtico camaleón que ha cultivado los más variados géneros; del hard rock al tango, pasando por el country o la electrónica.

Enrique Ortiz de Landázuri Izardui (su verdadero nombre), inició su carrera musical en su Zaragoza natal, con tan sólo 12 años, cuando compró su primera guitarra. Pocos años después, y con esa misma guitarra en las manos, pasó a formar parte del grupo Apocalipsis. Tras un breve periodo, pasó a ser el solista de Rebel Waitz, a pesar de que su calidad vocal no era ni mucho menos comparable a la actual. Él cuenta que lo cogieron como cantante por saber imitar a uno de sus grandes ídolos: David Bowie. Cuando contaba con 14 años compuso “Maldito duende”, uno de sus temas más emblemáticos. A los 16 da sus primeras muestras de atracción hacia lo decadente, comienza a frecuentar cabarets, bailes de salón, locales donde se cantaba copla, peep-shows… En 1984 fue bajista y cantante de Proceso Entrópico, banda de la que se fue para recalar en Zumo de Vidrio, con idénticas responsabilidades. En 1986 La censura de los cuentos fue su banda. Cinco grupos distintos en seis años, lo que demuestra el carácter inquieto y a contracorriente de Bunbury. Aún tendría que tocar la guitarra en Niños de Brasil antes de fundar, junto a Juan Valdivia la mítica banda de rock duro Héroes del Silencio. Era el año 1987. Su primer mini-Lp supuso un gran éxito en el panorama nacional, con más de 30000 copias vendidas. Su segundo trabajo, “El mar no cesa” (1988), fue la confirmación del grupo como gran esperanza del Rock hispano. De este trabajo se vendieron más de 150000 copias. Pero el disco de la confirmación fue “Senderos de traición” (1990, 400000 copias), que los convirtió en objeto de culto en países como Alemania, a pesar de no dejar nunca de cantar en español.

En esta época, ante Héroes del Silencio, no cabía la indiferencia, se les odiaba y se les amaba a partes iguales. La crítica los depreciaba continuamente, y ellos lejos de buscar su favor, alardeaban de la grandeza de su música, siempre altivos y orgullosos. En un intento de abrirse al mercado hispanoamericano, los zaragozanos lanzaron su álbum más barroco: “El espíritu del vino” (1993). La estrategia les salió bien, ya que se convirtieron en un referente en toda Hispanoamérica, especialmente en Méjico, donde Enrique cuenta con una auténtica legión de fans. El próximo paso sería abrirse camino en el gigante estadounidense, para ello grabaron el disco Avalancha y se sumergieron en un frenético ritmo de trabajo. Por este motivo, Enrique Bunbury decidió poner fin al grupo que le había catapultado a la gloria. Los “Héroes” se despidieron por todo lo alto, con una macro-gira (con disco incluido) llamada “Parasiempre”. En los años que Bunbury lideró Héroes del Silencio, aprovechó para viajar por sus países preferidos: Nepal, India, Méjico, Jordania, Marruecos… y empaparse de su cultura, sobre todo musical. Precisamente los ritmos étnicos del Magreb fueron los que más le influyeron a la hora de componer “Radical Sonora”, su primer disco en solitario. Un extraño Lp, que destilaba rabia por los cuatro costados y que mezclaba sin rubor la música electrónica que se estilaba por aquel entonces (era el año 1997, cuando Chemichal Brothers y Prodigy estaban en su apogeo) con música árabe y guitarras acústicas, pero sin traicionar en ningún momento la esencia del Rock. El cambio fue tan radical que sorprendió a propios y extraños. Si bien el zaragozano había ido cambiando de estética a lo largo de su carrera en Héroes, (de la melena y la chupa de cuero de “El Mar no cesa” a la apariencia de un Jim Morrison versión Glam de Avalancha), nada hacía presagiar que re-aparecería en público con la cabeza rapada, un futurista mono naranja de Snowboard, unas gafas discotequeras y un disco electrónico bajo el brazo.
No se puede decir que el disco fuera un éxito, a pesar de que uno de sus singles, “Alicia”, fue sintonía promocional de TVE-1. Los seguidores de Héroes acudían a los conciertos del nuevo Bunbury a pedir a gritos que volviera a la senda del rock épico.

Bunbury no se rindió, siguió investigando y experimentando con la música y en el ‘99 volvió a la escena musical española nuevamente mutado. Esta vez volvía a llevar el pelo a lo Jim Morrison, pero era su ropa lo que sorprendía: un elegante, a la par que barato, traje negro combinado con camisas de los más variados colores, eso si, todas con solapas excesivas. El otro elemento iconográfico imprescindible en esta nueva etapa fueron las gafas de sol de sheriff setentero. De esta guisa presentaba Bunbury “Pequeño”, un disco centrado en la sencillez de las melodías y las letras. Sus referentes eran la música mediterránea, el tango, la copla y las rancheras, así como cantantes españoles olvidados por la juventud, como Raphael o Bambino. Con él logra el disco de platino al vender más de 100.000 copias. Poco después publica “Pequeño cabaret ambulante”, un directo en el que Enrique muestra toda su fuerza en vivo en un concierto con un público entregado en México DF. En la gira mundial que llevó a cabo con el mismo título, dotó a sus canciones de un aire cabaretero y decadente, además de realizar numerosas versiones, desde “El Jinete” de José Alfredo Jiménez a clásicos de Radio Futura, pasando por revisiones cabareteras de sus éxitos con Héroes del Silencio, como “La Herida”. Gracias a los dos “pequeños” Bunbury se reconcilió con parte de su tradicional público de Héroes, generó nuevos seguidores y ganó, por fin, el respeto de la crítica. 2002 fue el año de “Flamingos”, un disco de canciones, menos conceptual que sus anteriores trabajos, pero manteniendo una estética y unos sonidos relacionados directamente con Pequeño, aunque algo menos melancólico y más roquero.

Si bien Bunbury ha producido varios trabajos de grupos jóvenes (Elefantes, Amaral) y ha participado en diversos homenajes (Bambino, Gainsbourg), su último trabajo propio es El viaje a ninguna parte, un disco doble en el que repasa los más variados estilos musicales que ha dado el continente americano: El tango, la bossa, el country…
A Bunbury se le ha comparado con artistas tan diversos como Bowie, Tom Waits, Jim Morrison o el mismísimo Raphael. A poco que nos fijemos, nos daremos cuenta que todos estos artistas, por alejados entre sí que parezcan, tiene en común su gran personalidad. Igual que Bunbury.









...por Alberto Galán ...por Alberto Galán


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5 comentarios en Enrique Bunbury

  1. Se trata de uno de los artistas que mientras más tiempo pasa más me gusta. Me vuelve loca.

  2. Enrique Bunbury es un puntazo de artista. Quizá reconocer que algunas “idas de olla” están un poco fuera de lugar y se las podría evitar pero, por otro lado, destacar su gran voz y la magia de sus espectáculos en directo.

  3. Es una mezcla de varios artistas en uno y sabe llevar ese estilo con gran sabiduría. Enrique Bunbury es mucho más que un artista.

  4. Tengo muchas ganas de ver en concierto a Enrique Bunbury. A ver si pronto se pasa por Barcelona y disfrutamos de él.

  5. Grande Bunbury! Sus letras son muy buenas y finalmente ha encontrado su sello personal, ya que como todos sabemos al principio era la còpia de Raphael, su gran ídolo.

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