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Exile on main street, de The Rolling Stones (1972)

De todos los dobles LP’s que he escuchado en mi vida, dejando de lado los discos en directo, si me tuviera que quedar con uno no dudaría, el elegido sería Exile on Main Street.

En 1972, los Rolling Stones medran en las habitaciones de la villa francesa de Keith Richards. Todo el grupo ha comprado mansiones en Francia huyendo de los impuestos británicos y de la presión a la que les somete la prensa de su país.

Repuestos de los problemas con la justicia (redadas policiales en busca de droga, la más famosa en la mansión de Redlands de Keith Richards, en plena fiestorra, con Mick Jagger y el propio Keith llevados a juicio por posesión de estupefacientes), la decadencia y oscura muerte ahogado en su piscina de Brian Jones, el genial guitarrista y fundador de la banda, sustituido por el virtuoso y empollón de digitaciones blues Mick Taylor, y la tragedia del concierto de Altamont en 1969, los Stones empiezan a grabar la continuación de su notable Sticky Fingers del pasado año.

En un ambiente de droga (Keith absolutamente yonqui y el serio Mick Taylor, que no tardaría en caer también en las sustancias duras) y cierto pasotismo por parte de Mick, más preocupado por alternar con la alta sociedad parisina; rodeados de invitados que entran y salen del château como Pedro por su casa, los Stones recuperan varias canciones descartadas para discos anteriores y, capitaneados por la colocada creatividad de Keith, bucean explorando el abanico de raíces musicales que dotaron al grupo de su inimitable personalidad: el blues de Robert Johnson, Muddy Waters, la percusión africana, los ritmos patentados por Bo Diddley y el country, veneno este último introducido en el grupo por el joven genio Gram Parsons, amigo inseparable de Keith hasta hacía bien poco. El material reciclado, más la libertad, el nervio, la maldita suciedad con la que afrontaron las nuevas composiciones, contribuyeron a que este Exile on Main Street fuera el doble disco que todos conocemos. Estaban exiliados, como el mismo título indicaba, desunidos, cabreados entre ellos y colocados la mayor parte del tiempo, y de todo este cocido alumbró su mejor obra.

Escuchar Exile on Main Street es como recibir clases de música de raíces por un lado y rock con pelotas por otro. No son las mejores composiciones de los Stones, no hay clásicos instantáneos, es la actitud, la chulería con que canta Mick, su voz enterrada en un marasmo de guitarras libertinas, chutadas con los riffs más cazalleros que hasta entonces había compuesto Keith y los nunca suficientemente valorados punteos de Mick Taylor.
Leí en una ocasión que con Exile on Main Street tenías la sensación de no necesitar escuchar ningún disco más en tu vida. También se ha dicho millones de veces que lo tiene todo, dos discos que abarcan la historia del rock, a la vez que son seminales por la influencia que tendrían en el futuro. Como los grandes discos dobles, como Tommy, como The river, como Blonde on blonde de Dylan, como The Wall de Pink Floyd, escucharlos es pensar que no puede haber nada más después de ellos.

Temas destacados:

Happy: Un riff. El riff. Lo oyes, tan solo un segundo, y ya sabes que es Keith. Este es su tema, el testamento del genio drogadicto que mantuvo siempre a los Stones en el terreno de la autenticidad y lo políticamente incorrecto. Hace bien poco Keith rechazó la condecoración del Imperio Británico a la que tan dulcemente accedió Mick, es lo menos que se podría esperar del tipo que toca la guitarra y canta en Happy.

All down the line: Representa la vena barriobajera de los Stones (como en este mismo disco lo hacen también temas como Rip this joint o Rocks off), a la vez que una de sus canciones más injustamente ponderadas, aunque la banda la interpretará regularmente en sus giras de los setenta. Los coros de Keith, los vientos (que en esa década se convirtieron en parte esencial del sonido Stone), la voz y los instrumentos formando un muro de sonido sinuoso, bruto, y una slide que borda el tramo final de la canción.

Loving cup: Mi parte favorita de Exile on Main Street es la que comprende la sucesión de Sweet Virginia, Torn and frayed, Sweet black angel y este Loving cup. Son los Stones reposados, deliciosamente acústicos, el country de Gram Parsons incorporado al imaginario del grupo, Mick cantando de forma bella, reivindicando su registro más sosegado. La calidad y dulzura de estos cuatro temas siguen despertando sensaciones de calidez en mi alma cada vez que los escucho. Loving cup es el último de la serie antes de Happy, el siguiente tema del disco, que rompe radicalmente con la atmósfera campestre y serena de esta terna. Unos preferirán el dúo vocal Mick/Keith en Sweet black Angel, o el clásico indiscutible que es Sweet Virginia. Yo escojo Loving cup, una pieza emocional, amo ese piano del inicio y la lejana voz de Mick, apoyada por la más lejana todavía entonación de Keith, y el texto “I’m the man on the mountain, come on up / I’m the plowman in the valley with a face full of mud”. En años venideros, los Stones volverían con otras sobresalientes obras, pero este clima emocional, esa pátina de música tradicional en formato acústico, solo la volveríamos a gozar en todo su esplendor con Stripped, de 1995, una lectura de los unplugged de los noventa en clave Stone.

De 18 joyas creadas y entrelazadas entre si por la magia del trabajo espontáneo y el genio de unos tipos en su mejor, a la vez que más difícil momento, de esta casi veintena de piezas, destacar tres es un crimen, pero sirvan estas de antesala a un universo autónomo, un disco tan distinto al anterior, Sticky fingers, como del siguiente, Goat’s head soup. Una isla en la discografía de los Rolling Stones, un paraje al que acudir cuando la inocuidad de mucha de la música actual erosiona tu sensibilidad y te tapona el oído. A la espera quedamos muchos, por cierto, de una edición de Exile on Main Street en CD como dios manda, con outtakes, libreto profuso y bien gordo, y un texto revelador que nos ayude a resolver el misterio de cómo entre tantas malas caras, resacas, coca, heroína y vodka con zumo de fruta, pudo surgir esta obra maestra de la música.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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