Nacido el 31 de enero de 1797 en Viena (Austria), Franz Schubert era el doceavo de una familia de catorce hijos de los que sólo sobrevivieron cinco.
De origen humilde, de niño vivÃa en un barrio de Viena llamado Liechtental, donde su padre ejercÃa de párroco y de profesor de escuela. A lo largo de su vida, su progenitor le intentarÃa persuadir para que siguiera el mismo camino que él, pero Schubert decidió convertirse en otro tipo de maestro.
Su padre le enseñó a tocar el violÃn, mientras que su hermano le introdujo en el mundo pianÃstico. Schubert tocaba tan bien ambos instrumentos que en 1808 consigue entrar en el coro de niños de la Capilla Imperial y empezó a estudiar en un colegio para cantantes de la corte, llamado Konvikt. Ya las primeras canciones del joven como: “Hagars Klage” (1811) y Der Vatermöder (1811) dejaron a los profesores de Schubert muy impactados. Sin embargo, el muchacho cambió la voz al cabo de dos años, por lo que tuvo que abandonar el Konvikt. Entonces comenzó a impartir clases en el colegio de su padre.
A la edad de diecisiete años escribe su primera ópera: “Des Teufels Lustschloss”, su primera misa en fa mayor y diecisiete canciones. Antes de cumplir la mayorÃa de edad ya habÃa realizado una de sus magnas obras: “Gretchen am Spinnrade”. Se trata del primero de los numerosos lieds inspirados en el gran escritor y poeta romántico: Johann Wolfgang von Goethe. De hecho, a los diecinueve años habÃa creado ya más de 250 lieder. A Schubert el lied se le daba de maravilla y es en esta forma en lo que destacó. El lied es, simplemente, una canción corta de Ãndole romántica. Nuestro protagonista tenÃa gran facilidad para ello y sólo en el perÃodo de 1815 a 1816 compuso más de 150 lieder, todos ellos de gran calidad. Sin duda alguna, pues, un mérito que hay que reconocer.
Discutió fuertemente con su padre, porque el joven artista no querÃa seguir la misma carrera que su progenitor. Por ello, es acogido en casa de su amigo Franz von Schober. Este fue el inicio de una carrera brillante, pero difÃcil. Y es que Schubert nunca tuvo una visión materialista sobre la vida. Se resistió siempre a acudir a los ambientes en los que se hallaba la aristocracia, lo cual le restó fama y prestigio. Además, cuando le pagaban por alguna obra no era un negociador agresivo, sino más bien todo lo contrario. Por otro lado, el único campo en que un artista de la época se podÃa ganar bien la vida era la ópera. Sin embargo ésta no era la especialidad del compositor vienés. Sus óperas, de las que señalaremos: “Los amigos de Salamanca”, “Alfonso y Estrella”, “Fierabrás” y “La guerra doméstica” no consiguieron el éxito deseado por el artÃfice de éstas. Asà pues, Schubert sobrevivió siempre gracias a la generosidad de sus amigos y llevó a cabo una vida bohemia, frecuentando siempre ambientes de este tipo, en los que no faltaban sus queridas tabernas llenas de intelectuales y artistas de todo tipo.Â
Schubert era el genio del lied. AsÃ, muchas de sus canciones se interpretaban en reuniones amistosas llamadas: “schubertiadas”. Eran veladas divertidas que contaban con la presencia de artistas de la época y lo que se hacÃa mayoritariamente, a parte de ejercer el arte de las relaciones públicas, era sobre todo leer e interpretar canciones de una forma distendida y alegre. Sobre sus propias melodÃas Schubert comentaba que éstas surgÃan de tal forma: “Mis canciones proceden del doble conocimiento de la música y de mi dolor”. Otra de sus citas famosas sobre el mismo tema es la siguiente: “Durante muchos, muchos años, canté mis canciones. Si me proponÃa cantar el amor, se convertÃa en dolor. Y si sólo querÃa cantar el dolor, éste se convertÃa en amor. AsÃ, el amor y la pena se repartieron en mi ser”.
El músico vienés era un gran admirador de Beethoven, pero aunque ambos fueran de la misma ciudad, Schubert no llegó a ser muy reconocido en vida. Es el primer célebre compositor de la historia que no dio recitales públicos y por ello no logró promocionar su música. Su fama era más bien local, ya que nunca se fue de Viena por mucho tiempo. Sin embargo, Schubert tenÃa cierto prestigio en su ciudad natal y a medida que éste iba creciendo, se le iban presentando algunas oportunidades. Varios editores se interesaron en él, pero en vida fueron pocas las obras relevantes publicadas. Ninguna de sus sinfonÃas se imprimió, sólo se publicó uno de los diecinueve cuartetos para cuerda, tres de las veintiuna sonatas para piano, ninguna de las diez óperas y sólo 187 de sus 600 canciones. Muchos no supieron ver el talento que habÃa en él. Sobre éstos, Schubert dijo: “…Con el corazón lleno de un amor infinito por los que me rechazaban, volvà a vagar por tierras desconocidas”. Él era muy consciente de su poco éxito de cara al gran público. Por ello solÃa comentar: “¿No me merezco, yo también, un lugar en esta tierra?”.
En los últimos tiempos de su existencia parecÃa que el rumbo de su vida iba a cambiar. Durante estos años escribió obras magistrales como: “Wanderer- Fantasie” (1822) o “Die schöne Müllerin” (1823). Son composiciones inspiradas en poemas de Wilhelm Müller. Luego, el gran dolor del fin de sus dÃas quedó plasmado a la perfección en la obra de 1827: “Winterreise” (Viaje de invierno). Scubert tenÃa sólo 31 años y se acababa de matricular para estudiar fuga. En 1828 no fueron pocas las firmas interesadas en el autor, pero entonces, a principios de noviembre se puso enfermo. El diecinueve de dicho mes falleció a causa de una fiebre tifoidea. Enterraron al maestro cerca de Beethoven y el epitafio de su ataúd decÃa asÃ: “Aquà el arte de la música ha sepultado una fecunda riqueza, pero también sus esperanzas, aún más luminosas”.
Después de cuarenta años de la muerte de Scubert, el mundo entero comprendió al fin el talento del artista. AsÃ, se empezó a difundir su música, que fue de gran inspiración para otros genios como: Brahms, Brückner, Dvorak y Mahler. Hoy en dÃa, el peso que ha tenido Schubert en el campo musical ni siquiera se cuestiona. Este grande entre los grandes, juntamente con Beethoven, asentó las primeras bases del Romanticismo. AsÃ, aunque mientras vivió no obtuvo el reconocimiento que se merecÃa, sà hizo siempre lo que querÃa hacer: “He venido al mundo con el único propósito de componer”, decÃa el maestro… Vista su carrera, desde luego, su objetivo vital lo cumplió de sobras.

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Os quiero felicitar por la gran biografÃa de Franz Schubert que no podemos olvidar que es uno de los más grandes compositores de música clásica de todos los tiempos.
Soy una gran admiradora de Franz Schubert pero poco conocÃa sobre su vida privada. Muy buena la nota.
Bueno, para mi Franz Schubert fue uno de los mejores compositores, simplemente Franz Schubert fue un excelente compositor.