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I can’t stop, de Al Green (2003)

En el 2003 se edita el disco soul del año, I can´t stop, de Al Green, cuando hacía ya 30 años de la publicación de la obra más conocida del cantante, uno de los discos más perdurables de música negra de los 70, el lúbrico Call me de 1973.

Call me era el tope creativo que marcaba una primera mitad de década en la que Al Green había dado lo mejor de sí mismo como artista soul.

Su voz, personal instrumento que acaricia las canciones en todos los tonos imaginables, su creatividad innata y la labor imprescindible del productor, arreglista e ingeniero Willie Mitchell, revertió directamente en la calidad de discos como Al Green ges next to you (1971), I´m still in love with you (1972), Let´s stay together (1972), que incluye el clásico del mismo nombre, el recordado y sensual Call me (1973) y Livin´for you, también de 1973. Eran los años en que el soul reinaba en el epicentro del panorama de la música popular, y Al Green compartió la cresta de la ola con Marvin Gaye, James Brown, los artistas de la Motown… Falsetes, inesperados cambios de rumbo en la voz, coros femeninos, vientos, cuerdas, discos de erotismo casi espiritual, cuerpos desnudos recorriéndose, apurando sus formas entre las sábanas, insinuaciones al oído, mil veces “te quiero”, otras mil “te quiero ahora”, así era la música de Al Green hace 3 décadas.

Green había nacido en una perdida granja de Arkansas con una “e” final en su apellido, “Greene”, que no eliminaría hasta que se convirtió en cantante. Con un estilo que tomaba prestadas las esencias de Jackie Wilson, Sam Cooke y James Brown, Green actúa con diversas bandas (con los Soul Mates conoció un moderado éxito) hasta que en 1969 conoce al productor Willie Mitchell, el colaborador más destacado en su carrera, y firma con Hi Records, compañía ubicada en Memphis.

A partir de ese momento llega la caravana de cónclaves del mejor soul que he citado antes, el éxito, la fama y por supuesto, los problemas: en 1974, la novia de Al, Mary Woodson, se suicida poco después de haberle propinado a Al graves quemaduras en el cuerpo mientras este se duchaba. Green reflexiona sobre el punto de locura al que puede haber llegado su vida, y no tarda en convertirse al cristianismo.

En 1977 edita The Belle Album, que marcaría el divorcio amistoso entre Green y su productor Willie Mitchell, en desacuerdo con la línea religiosa que marcaba el nuevo disco. Green por su parte se sentía bien consigo mismo, el cariz espiritual que estaba tomando su obra era lo que su alma le pedía, y sería entonces cuando diría una sentencia que resume el giro total en el que se había embarcado su vida y su carrera: “he tenido que dejar lo sensual por lo espiritual”.

En 1979, el Señor llama definitivamente a Al Green, o al menos es lo que él creyó intuir a raíz de un grave accidente que tuvo en pleno escenario. Era indudablemente una señal, Dios le estaba diciendo que dejara la fácil adoración y autocomplacencia del mundo de la música y se dedicara a la sagrada misión de predicar su Palabra. A partir de 1980, Green grabará exclusivamente música gospel y fundará una iglesia en Memphis donde ejercerá de pastor, con unos al parecer incendiarios sermones que congregarán a multitud de fieles.
Si bien Dios nos había robado, pobres pecadores, la parte “sensual” de la obra de Green, los discos espirituales le reportarían al pastor de Memphis varios Grammys en la categoría correspondiente a discos gospel.

Durante dos décadas esa fue la labor de Green: Dios. En los 90 únicamente despertó al soul que le hizo famoso en su dueto con Annie Lenox y la exitosa colaboración con el cantante country Lyle Lovett, en 1994.

Llegado el año 2003 la sorpresa fue mayúscula, Al Green salía temporalmente de su iglesia y grababa de nuevo con Willie Mitchell, el resultado, I can´t stop, un disco parecería que venido vía máquina del tiempo de 1973. Un sonido que creíamos perdido, irreproducible ya en el siglo XXI, volvía de nuevo la cálida metafísica de la sensualidad que hizo irrepetibles discos como el citado Call me de Green o el Let ´s get it on de Marvin Gaye. Un tipo de más de 50 años demostraba estar en un estado de forma sorprendente, la voz de Green era seda pura, como en los 70, incluso ahora estaba dotada ahora de mayor firmeza, los años le habían dado más vida, más peso.

Leí hace poco en un comentario sobre el próximo lanzamiento discográfico de Al Green, que I can´t stop era un disco “seco”, dios mío, ¿es seco un Vega Sicilia? ¿seco de qué? Canciones como I can´t stop (transpórtate directamente a un film de blaxploitation de los 70, paséate por un barrio negro de Detroit o New York, con paso firme y chaquetea de terciopelo mientras los chicos malos del barrio te miran con desconfianza), la emocional Play to win o la pegadiza I´ve been waiting on you son lo más húmedo y palpitante que haya podido escuchar en los últimos tiempos. Green es un viejo león que transmite la carga sexual que ni tu ni yo hemos si quiera soñado, dan ganas de afiliarse a su iglesia, asistir a sus sermones y llenar el cepillo de agradecimientos y billetes verdes. En forma de este desahogo discográfico después de tantos años de ostracismo voluntario, Al Green prueba que la música no debe buscar obsesivamente la evolución, en este caso, es la regresión, la mirada a un estilo del pasado la que hace de I can´t stop un disco superior. Déjate de evoluciones, la buena música se toca y se siente, coño.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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