PodrÃa parecer que la denominada música independiente o indie apareció en los noventa, con la explosión del grunge, pero no, lo que hoy conocemos como indie rock comenzó allá, a finales de los cincuenta con el basement jazz, siguió con los descarados punkies ingleses del 76 para entregar el relevo a las nuevas bandas norteamericanas de principios de los 80’s.
En realidad, el espÃritu indie ha existido siempre y acompañará a la música popular durante su historia.
Una vez más, Nueva York se erige como la ciudad protagonista de nuestra historia. En 1967, EEUU y Europa vivÃan la decadencia de los grupos pop debido, en parte, a la explosión del flower power. El rock ácido procedente de California habÃa desembarcado en Londres y bandas como The Beatles o The Beach Boys ya estaban experimentando con nuevos sonidos y nuevos instrumentos. En cambio, si viajamos en el tiempo y nos situamos en la ciudad de los rascacielos, en 1969, el panorama es muy distinto. Formaciones como The Velvet Underground y The Voloids lideran un movimiento que se opone a lo que se estaba viviendo en Woodstock: sus canciones tratan sobre las grandes urbes y la gente que vive en ellas, sobre la suciedad de sus calles y la violencia del dÃa a dÃa. Grupos como Television, Suicide, Teenage Jesus & The Jerks y artistas como Patti Smith, Jim Carrol y Lydia Lunch ofrecen un nuevo concepto de espectáculo en locales como el Chelsea Hotel, el Café Bizarre o el histórico The Factory de Andy Warhol. ¿Sus influencias? La literatura de Jack Kerouac y de William Burroughs, la poesÃa de Delmore Schwartz y Allen Ginsberg y el rock n’ roll primitivo de los 50’s.
La apertura del CBGB en cuyo escenario actuaron Ramones y Talking Heads y la llegada de las nuevas bandas denominadas new wave, lideradas por Blondie, el grupo de un Chris Stein eclipsado por Deborah Harry, su cantante, nos conduce a los primeros años ochenta, liderados por los Sonic Youth de Thurston Moore y Kim Gordon. Podemos afirmar que Sonic Youth fueron los pioneros del indie rock norteamericano cuando en 1985 publicaron “Bad Moon Rising”. Guitarras afiladas y canciones que rompÃan con lo establecido (”Teenage Riot” era una declaración de principios), hicieron de los Youth la formación de referencia para todos aquellos grupos y artistas que comenzaron a despuntar a finales de la década. Bandas como Soundgarden, Mudhoney, Dinosaur Jr o los propios Nirvana vieron en Sonic Youth una influencia clave en el desarrollo de sus carreras musicales.Â
Una vez abandonada Nueva York, viajamos hacia el norte y nos paramos en Nueva Jersey, concretamente en Hoboken, para visitar el universo de Yo La Tengo, un trÃo que se mantenÃa al margen de cualquier moda, estilo o cultura imperante en cualquier época. De hecho, la banda liderada por Ira Kaplan, Georgia Hubley y Jimmy McNew huÃan de cualquier aspiración de realizar música para masas. Kaplan, que habÃa escrito crónicas y reportajes en la desaparecida revista New York Rocker, dejó la pluma abrumado por el concepto de espectáculo rock que a mediados de los setenta lideraban formaciones como Kiss o Led Zeppelin, para volver a su Hoboken natal y fundar junto a su esposa Georgia Yo La Tengo, el paradigma de lo que se puede denominar música independiente, siempre con The Velvet Underground como referentes de cabecera.
Y subiendo un poco más llegamos a Boston, un auténtico hervidero de jóvenes estudiantes blancos que contaban con un valuarte, la radio universitaria que pinchaba las maquetas de las cientos de bandas que poblaban la capital de Massachusetts. Gracias a los Djs, grupos como Gigolo Aunts, The Breeders (con la gran Kim Deal al frente) Buffalo Tom o The Lemonheads, pudieron llegar a un sector amplio de la juventud norteamericana. A pesar del temprano éxito de la banda de Evan Dando, The Lemonheads (sobre todo gracias a versiones de éxitos como el “Mrs. Robinson” de Simon & Garfunkel y las composiciones poppies de su lÃder), fueron dos formaciones las que lideraron la escena universitaria de finales de los 80’s: Dinosaur Jr y Pixies. Los primeros, liderados por J. Mascis, debutaron con un single que sirvió como valuarte para lo que más tarde se conocerÃa como noise-pop, “Freak Scene”. Por su parte, los Pixies de Frank Black terminarÃan convirtiéndose en los padrinos de la emergente escena con canciones que hablaban de temas tan banales como el sexo o la religión.
Cuando todo parecÃa que ya estaba inventado, una serie de bandas establecidas en el estado de Washington, que habÃan tomado todas estas formaciones como estÃmulo y las habÃan mezclado con el hard rock de los setenta, alzaron su voz y dinamitaron la escena musical norteamericana de principios de los 90’s, lo que ya comenzaba a denominarse en la prensa más underground de Seattle y Olympia como sonido grunge. The Melvins, Green River, Mother Love Bone, Tad o Soundgarden gritaron tan fuerte que provocaron un auténtico terremoto juvenil. Ayudados por dos padrinos excepcionales: Jonathan Poneman y Bruce Pavitt, creadores del sello Sub Pop, lÃderes de toda una generación protestaron en contra de un nuevo aburguesamiento del rock. Andrew Wood, Chris Cornell, Steve Turner, Eddie Vedder y Kurt Cobain fueron para los adolescentes de aquellos años, lo que Johnny Rotten, Sid Vicious, Joe Strummer o Paul Weller habÃan sido para las hornadas juveniles de 1976-77 en la Gran Bretaña de Margaret Thatcher.
El clima, un sentimiento de alejamiento del resto de la nación (Seattle se encuentra al noroeste de EEUU, limitando con Canadá), una pésima visión de futuro y una rebeldÃa ante todo lo establecido propició que jóvenes con talento o tan sólo con ganas de escapar de la realidad, comenzaran a versionear canciones de sus Ãdolos, temas de Black Sabbath y Alice Cooper, encerrados en sótanos y garages, una situación más que parecida a una bomba de relojerÃa a punto de explotar que tuvo su chispazo en septiembre de 1991, cuando todas las emisoras musicales de medio planeta comenzaron a radiar un single que estaba causando sensación en EEUU. El tema se llamaba “Smells Like Teen Spirit”, el single de presentación del segundo álbum de un grupo que respondÃa al nombre de Nirvana. El disco, “Nevermind”, fue para la nueva década lo que el “Anarchy In The UK” habÃa sido en los setenta, una auténtica declaración de principios, un “basta ya” por parte de los jóvenes alineados por una sociedad en la que imperaba el éxito y la superación personal, dejando de lado a todo aquel que no reuniera las condiciones idóneas que los lÃderes y gurús culturales exigÃan. La música independiente salvó y continúa salvando la vida de miles de jóvenes.

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