El músico catalán Isaac Albéniz fue uno de los compositores españoles más relevantes del siglo XIX. Sobretodo, adquirió gran fama por sus grandes obras para piano, por lo general, de cariz nacionalista.
Nacido en Camprodón (Gerona) fue un niño prodigio. Especialmente destacó por tocar el piano de forma magistral. Fue su padre, Ángel Albéniz, quien preparó el primer concierto público de su hijo Isaac cuando éste sólo tenía cuatro años. Lo presentó, orgulloso, ante la multitud del Teatro Romea de Barcelona.
Es un adolescente inquieto. A la edad de trece años Isaac Albéniz decide irse de casa para descubrir mundo, conocer gente y desarrollar sus cualidades artísticas. Trabaja como pianista en varios países de América Latina. Llegó a estas tierras en un barco, como polizón. Uruguay, Argentina, Brasil y Cuba fueron algunos de los destinos elegidos por el joven.
En 1873 vuelve a España y se instala en Madrid. Más adelante, de 1875 a 1878, estudiará en el conservatorio de Bruselas. Allí conocerá al pianista y compositor de origen húngaro Franz Liszt. Gracias a Liszt el genio español toma conciencia del papel del nacionalismo en la música. La amistad entre estos dos monstruos artísticos durará hasta el fallecimiento del maestro húngaro, acaecida en el año 1886. Por otro lado, también hará buenas migas con el compositor español Felipe Pedrell. Éste le motivará a crear auténtica música española. Desde luego, la sabiduría de Albéniz en lo que a folclore español se refiere se debe, en gran parte, a este maestro. Y es que Pedrell hizo siempre un gran esfuerzo para que los autores españoles no se limitaran simplemente a la zarzuela.
En 1889 se va a París y entra a formar parte de la Colonne Orchestra. Luego llega a Inglaterra donde sus conciertos consiguen un tremendo éxito. En 1890 conoce al empresario Henry Lowenfeld, quien le contrata como intérprete y compositor. Por este motivo, el músico español se instala en Londres junto a su esposa Rosina y sus tres hijas. Gracias a Lowenfeld se introdujo en el ambiente del teatro musical. Primero trabajó en el Teatro Lírico y luego en el Teatro Príncipe de Gales. Albéniz compuso la gran obra: “El ópalo mágico” por petición de Lowenfeld.
Un adinerado dramaturgo, Francis Burdett Money-Coutts, se pone en contacto con Albéniz. Éste, en 1894, adquirió el contrato que tenía con Lowenfeld. Este apoyo económico fue importante para el músico español. Además, la colaboración entre ambos produciría varios frutos. Así, muy pronto, “Henry Clifford” fue estrenada en el teatro del Liceo de Barcelona (1895). “Pepita Jiménez” se representó también en el Liceo en 1896, en el Neues Deutsches Theater de Praga en 1897 y en el Monnaie de Bruselas en el año 1905. “Merlín” fue realizada entre 1898 y 1902. Sin embargo no fue producida durante la vida del maestro. La trilogía titulada “King Arthur” no fue terminada. Así, “Lancelot” no se acabó y “Guenevere” tampoco.
Albéniz estará unos diez años ideando piezas musicales para ser interpretadas en un escenario. Es en este período cuando se está trasladando de Londres a París. En Francia conoce a mucha gente, sobre todo del mundo de la música. Nombres como Ernest Chausson, Charles Bordes, Vincent d’Indy, Gabriel Fauré y Paul Dukas son asiduos en sus reuniones sociales. De este modo, se acerca a varios compositores de la vanguardia europea. Tanto Fauré como Debussy fueron decisivos en cuanto a la moderna técnica compositiva de Albéniz.
De 1898 a 1900 da clases de piano avanzado en la Schola Cantorum. No obstante, sus problemas de salud le obligan a regresar al cálido clima de España. Pronto, empieza a trabajar con Enrique Morera y producen juntos varias piezas líricas catalanas. No obstante, pese a su tesón, no consigue que se produzcan sus composiciones teatrales. Entonces, decide volver a París, donde su música sí es valorada. Aquí, la casa del compositor catalán se convertirá en el refugio de varios artistas españoles como Manuel de Falla y Joaquín Turina. En este lugar encontraban amparo en cuanto a su producción artística. Por su parte, Albéniz prueba cosas nuevas, improvisa, evoluciona. De su preocupación por las formas musicales más largas pasa a un estilo musical mucho más complejo. Artísticamente, cambia a un estilo diferente y personalmente, también modifica sus hábitos. El artista, completamente centrado en la composición, aparece en público cada vez menos. Es en este momento cuando idea melodías tan significativas como: “Deux morceaux de prose de Pierre Loti” o “Il en est de l’amour”. También son de esta época los siguientes poemas: “Para Nellie”, “Elaine”, “Two songs” (”The Gifts of the Gods” y “The Caterpillar”) y “Six songs”, entre otros muchos. De las “Seis canciones” o “Six songs” sólo perdurarán las dos siguientes: “Will you be mine?” y “Separated”. Además, de esta época tenemos una muestra de apertura de una canción para musicar un texto de una fábula de Jean de La Fontaine: “Conseil tenu par les rats”.
Coutts comenzó a dejar de escribir libretos. Entonces, Isaac Albéniz empezó a centrarse en el piano otra vez. Al poco tiempo realizaría su obra magna “Iberia” (1905-1908). Éste es su gran último trabajo, ya que falleció el 18 de mayo de 1909 debido a una nefritis. Murió en Cambo-les-Bains, lugar ubicado en los Pirineos Franceses. Una tierra, que le vio crecer como artista y como persona.
Según el monográfico de 1886 de Antonio Guerra y Alarcón titulado: “Isaac Albéniz: Notas crítico-biográficas de tan eminente pianista” tenemos una valiosa información acerca del célebre músico catalán. Antonio Guerra nos da a conocer que el artista español además de varias docenas de piezas para piano y tres zarzuelas, también compuso diferentes canciones. Esto es, cuatro romanzas para mezzosoprano en francés, tres romanzas en catalán y un “Álbum Bécquer”. No hay rastro de las romanzas y el “Álbum Bécquer” se refiere seguramente a las “Rimas”, que fueron publicadas más tarde por Zozaya (1888). Este mismo año, Romero sacó a la luz las seis “Baladas”. Al cabo de un año, Romero publicó las “Seis melodías” con el texto de Alfred de Musset.
Para acabar, señalaremos unas palabras de Albéniz, que son el resumen de su arte: “Hay que hacer música española con acento universal para que pueda ser entendida por todo el mundo”.

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Isaac Albéniz es uno de los más grandes compositores de piano del siglo XIX. Me ha gustado mucho la biografía que habíes hecho sobre Albéniz.