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La música soviética del siglo XX

Dentro de la historia de la música soviética del siglo pasado, merecen ser destacados dos aspectos: la prominencia del ballet ruso y su difusión internacional y la revolución soviética y su influencia sobre la música.

Tras la muerte de Lennin en 1924 y la concentración del poder bajo la figura de Stalin, la vida artística de la Unión Soviética se hizo de una manera acorde y la Unión de Compositores Soviéticos, creada en 1932, absorbió a las demás organizaciones profesionales, aunque todo esto llevó su tiempo, por supuesto: durante la guerra civil y tras la revolución, fue el ejército rojo quien, digamos, se adueñó de las canciones folklóricas corales y Lennin afirmó: “El arte pertenece al pueblo”, pero sin especificar qué arte, qué música era la que el pueblo tenía derecho a adueñarse.

La Asociación de Músicos Proletariados rechazó la música contemporánea y tachó a los clásicos de burgueses; para ellos, música rusa era la que el campesino podía adivinar y gustar fácilmente. Mientras, la Sociedad de Música Contemporánea sostenía que la música no era ninguna ideología, ambas no paraban de darse encontronazos hasta que desaparecieron en 1928-30. Todo esto explica por qué la música de compositores soviéticos como Shostakovich tuviera un sabor tan vanguardista hasta bien entrada la década de los treinta. Entre 1925 y 1928, los rusos dispusieron de su etapa con más libertad artística, incluida la música y en 1932, se creó la Unión de Compositores Soviéticos para poner en práctica en sus propias obras el realismo del partido socialista, que utilizaba los temas nacionales e ideológicos relacionados con el pueblo. Este realismo era una música programática con una historia de fácil comprensión, de estilo tradicional y con melodías tradicionales, pero aún así, la fuerte censura comunista no dejaba a un lado a la música clásica: en 1936, por ejemplo, la ópera de Shostakovich “Lady Macbeth de Mtzensk” sufrió un severo secuestro por parte de las autoridades, ya que ni tenía una temática socialista ni un héroe socialista como el gran padre, Lennin, con la composición de la séptima sinfonía “Leningrado”, en 1941, composición de Shostakovich.

Por otra parte, los soviéticos tenían un ballet que interpretaba clásicos como “El Lago De Los Cisnes” o “Romeo Y Julieta”. Entre los principales representantes de compositores soviéticos destaca Sergei Procofiev, también uno de los músicos más importantes del siglo XX que disfrutó de una gran reputación internacional. Su gran temperamento y su disposición hacia la música moderna le hizo enfrentarse con los tradicionalistas, quienes le llegaron a considerar como un “futurista”, algo que impulsó al propio músico a solicitar permiso para viajar fuera de la Unión Soviética para ampliar sus conocimientos. Procofiev se instaló en Londres y en París, donde escuchó obras de Stravinsky y vivió el movimiento neoclásico de la capital francesa. En 1927 volvió a Moscú donde fue recibido con gran entusiasmo. Procofiev dominó la escena soviética hasta su muerte veinte años después y aunque parezca una casualidad, Procofiev falleció el mismo día que el mismísimo Stalin, el 5 de marzo de 1953. En la actualidad, el compositor está considerado como una figura clásica de la Unión Soviética.

Por su parte, Dimitri Shostakovich está visto como el compositor más importante de los últimos años. A los dieciocho años, Shostakovich compuso su primera sinfonía como tema de graduación, que sorprendió de manera muy grata por su frescura. Shostakovich es un producto genuino de la cultura soviética. Estaba musicalmente vinculado a los compositores rusos de la época anterior. Su estilo de composición evidenciaba la influencia de algunas pautas occidentales.

La representación de una obra suya provocó una nueva intensificación del sometimiento al realismo socialista. Su ópera, Lady Macbeth, trataba el tema del adulterio, el asesinato y la corrupción de la sociedad burguesa anterior. La prensa la censuró y Shostakovich prometió enmendarse con la composición de su quinta sinfonía, en 1937. En 1940, recibió uno de los premios Stalin de 100.000 rublos y no presentó un nuevo concierto para violín hasta 1955; se había dedicado a escribir música para el séptimo arte y en 1956 le concedieron la Orden de Lenin.

No cabe duda alguna que el Realismo Socialista fue el factor de control que llevó a Shostakovich a escribir en un estilo y en una manera muy diferente de los que hubiera empleado en el caso de vivir en Occidente. Lo más lamentable de todo es que una revolución social requiera una adhesión tan estricta al concepto y práctica del arte según la imagen tradicional del pasado. Y si bien nuestro protagonista admiraba el espíritu revolucionario de Beethoven, había pocos puntos de contacto entre las sinfonías de ambos. Mientras que la Primera Sinfonía tuvo éxito y mostraba influencias de compositores como Prokofiev, la cuarta fue una obra muy sombría y la sexta logró cierto éxito, y la séptima y octava eran obras grandiosas y heroicas.

Por último está Aram Kachaturian, hijo de padres armenios, su estilo era mucho más próximo al Realismo Socialista. Sus melodías se inspiran en las canciones folklóricas armenias.









...por Antonio Noblejas ...por Antonio Noblejas


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