“You think that I don’t feel love, but what I feel for you is real love…” Es la zigzagueante, sedosa, erótica entonación de Diana Ross, la primera declaración de amor que se escucha en este Love child, disco de 1968 firmado por Diana Ross and The Supremes, las tres criaturas más bellas y exitosas de la factoría de música negra nacida en Detroit, la Motown.
The Supremes son el grupo femenino más popular de la historia del pop. Hasta la grabación de este Love child, habían conquistado las listas con más de una docena de números uno (Where did our love go, You Can’t hurry love, Stop! In the name of love, Love is like and itching in my heart… hits de joyería pop, minuciosas melodías acariciadas a tres voces), fueron, junto con los Beach Boys, la punta de lanza que frenó el impacto popular de la British invasion que, con The Beatles de cabecera, asolaba una sorprendida América a mediados de los sesenta. Habían sido descubiertas por el factótum de la Motown, Berry Gordy, eran tres jovencísimas sílfides a las que Gordy, compositores como Smokey Robinson, Ashford & Simpson o George Clinton, más las coreografías que para ellas diseñaría Cholly Atkins, convertirían en tres iconos del éxito masivo, siempre en los terrenos del buen gusto y el glamour.
Alrededor de 1968, Diana Ross ya era el elemento clave del grupo, formado además por Mary Wilson y la recién llegada Cindy Birdsong, que sustituía a la recién huida Florence Ballard, que no se llevaba nada bien con Ross. En este sentido, Berry Gordy tenía una clara inclinación por Diana, y desde el primer momento le había otorgado la posición de voz solista del trío, argumentando que su tono era el de más potencial comercial.
La marcha de Florence había puesto en evidencia dos cosas, que si no te llevabas bien con Diana, estabas fuera, y que a partir de entonces, no todo sería idílico en la carrera de The Supremes, si los problemas entre ellas eran ahora bien reales, los necesarios números uno empezarían a hacerse de rogar. Siempre alerta, Gordy viró el concepto del grupo y lo rebautizó como Diana Ross and The Supremes, dejando claro quién era el elemento a proteger y promocionar, y preparando a los fans para el inminente despegue de Diana como artista en solitario (Diana Ross, su debut, se editó en 1970). Rebautizadas y reconstruidas, grabaron Love child, álbum repleto de temas nuevos compuestos por Ashford & Simpson, dejando de lado de forma clara las versiones, y profundizando en el sonido sofisticado del grupo.
Love child no es el disco más conocido de The Supremes ni mucho menos, se habla más de The Supremes a’go-go, o de A bit of Liverpool, su disco de versiones de The Beatles, pero siempre me han fascinado temas como Keep and eye, que le dan al disco un cierto tono más oscuro, menos espumoso de lo que cabría esperar en ellas. Son doce canciones de diseño perfecto, sistemáticamente bordadas por Diana, Mary y Cindy, y la foto de la portada, con una clase que desarma: las tres amazonas de Detroit apoyadas en la pared de un sucio callejón, vestidas como tres chavalas negras de la calle, sin los vestidos de alta costura y las piezas de moda que lucían en sus especiales televisivos, adelantándose a la moda 70’s de la blaxploitation en su versión femenina, con Pam Grier y su Foxy Brown.
Temas destacados:
Love child: primer tema del disco. Intro rítmica, un tanto atmosférica, violines, y una guitarra rítmica que dinamiza el conjunto. Diana roza el cielo con su voz, dotando a la canción de un misterio muy particular hasta que las tres mujeres se descorchan finalmente, cual botella de Moët & Chandon, al estilo más Supremes, en ese “Love child, never meant to be” del estribillo. “Don’t think that I don’t need’ya, don’t think that I don’t wanna please’ya”, canta Diana. Qué mujer…
Keep and eye: Ya lo he dicho, es un tema fascinante. Diana nos avisa que no le quitemos el ojo a nuestros mejores amigos, porque en cualquier momento se giran y te traicionan. Un trío de sirenas como The Supremes, no pueden estar más cerca de la mala leche.
Does your mama know about me: Diana, respaldada por Mary y Cindy, vuelve a sorprender cantando un texto directo y sin florituras: esta vez, le avisa a su novio: mejor que tu mami y tu papi sepan todo lo que han de saber sobre mi, y si lo tienen bien clarito, entonces llamaré a tu puerta.
He’s my sunny boy: Vientos a tope, coros de Mary y Cindy que doblan lo que va cantando Diana, falsete “dodoooo” de la propia Ross, música negra reluciente y burbujeante, pop de baile y mirrorball, pero sin perder ni un ápice del savoir faire de estas tres chicas a las que nunca llevarías a un McDonalds y si a tomar un Martini a la terraza más cara de Les Champs Elysées.

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MundoMúsica | Discos | Love child, de Diana Ross and The Supremes (1968)

