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Nu, de Lluis Llach (1997)

En 1968, un Lluis Llach con a penas 20 años, sin ningún trabajo discográfico en el mercado, con las piernas que le temblaban cuando salía al escenario, rechazó la oferta del presidente de la CBS en España por valor de dos millones de pesetas de entonces al incluirse en el contrato la obligación de cantar en castellano.

Rechazando aquella jugosa propuesta el cantautor de Verges (Girona) escogía un camino al que ha sido fiel hasta hoy, año 2004: la senda del inconformismo, nadar a contracorriente, defender el catalán como lengua de Catalunya, la independencia creativa en suma, que tan estrechamente se ha mantenido ligada a los dos brazos vitales en que se divide su obra: el inconformismo social y político, que le costó años de exilio y censuras en la primera mitad de los setenta, y por otro lado, las sensibles canciones de amor y sentimientos. Algunos siguen sin soportar la carga política de sus textos, otros odian la tan particular dulzura que emana de sus canciones de amor, lo único cierto es que sus discos se venden a miles sin perder un ápice de calidad y compromiso, que cada concierto es un lleno absoluto, y que, y esto es una opinión personal, a algunos, escuchar a Llach (el político y el sentimental, los dos brazos de su obra) nos ha hecho seres humanos un poco más decentes, un poco más libres. Más humanos.

Obras como Viatge a Itaca (1975), que la revista Rock de Lux destaca como uno de los mejores discos de las últimas décadas en España, I si canto trist (1974), complejas obras sinfónicas como Astres (1986) o Un pont de mar blava (1993), o las maravillosas canciones incluidas en Porrera –Món-, de 1995 (Embruix de lluna, El café antic), o 9, de 1998 (Penyora, Véns…), son la forja de un cantautor al que no encuentro rival en España. Nadie compone como él, nadie posee su riqueza musical y su capacidad de innovación, sus textos, su visión de las personas.

Nu es un disco en directo que para muchos decora discretamente una discografía rebosante de grandes joyas del imaginario colectivo de varias generaciones. Se edita en 1997, a raíz de una gira en la que Llach había abandonado las exuberantes piezas de gran formato orquestal (los citados Un pont de mar blava y Porrera –Món-, con sus respectivas giras), para enfrentarse a su público él solo con su piano e incluso con la guitarra que, según Llach, tan mal toca. Nu (desnudo en castellano) no suponía, en el fondo, nada nuevo. Un disco que recogía temas interpretados en su gira en solitario, con la inclusión de una composición nueva, el ya clásico, Al teatre. Quizás sea porque yo le descubrí –tarde- con este disco, o porque he llegado a llorar como un niño gozándolo en la oscuridad de mi habitación, pero considero este Nu como una obra decisiva, singular en la discografía del cantautor. Nu es perfecto si no tienes nada de Llach, ya que incluye temas (no todos son los más conocidos) de todas sus épocas, además, para el iniciado en Llach, posee un poco común tono de agria introspección, es un Llach casi confesional, aquí no hay proclamas políticas, ni palmas de un público entregado que sigan el ritmo de las canciones. Parecería que Llach se está cantando a si mismo sus propias canciones, reencontrándose con ellas, redescubriendo su significado, los mil detalles de cada texto, de cada acorde. Nu es precioso porque enseguida te lo metes en el bolsillo del corazón y lo haces tuyo, no es el Llach aglutinador de miles de sentimientos nacionales, no tiene nada que ver con otro de sus discos en directo, el que recoge su mastodóntica actuación de 1985 en el Nou Camp, Nu es algo muy pequeño, que cada uno llena de sus propios motivos y significados. Con su oscura, sencilla candidez, seguirá siendo mi disco favorito de Lluis Llach.

Temas destacados:

Al teatre: Era la pieza nueva que Llach presentaba en todos sus recitales de la gira Nu. “De tants amors que han vorejat la riba, l’últim que em queda és el teu”. Amores lejanos, profesados en secreto (”jo et miro, et sento i t’estimo en secret”), descritos por Llach sobre un fondo del mundo del teatro, los escenarios, actores y actrices, el público y los decorados.

A la taverna del mar: Cruel visión de la vejez, A la taverna del mar despierta la conciencia dormida del oyente, una canción de carpe diem, el empujón violento hacia delante que todos necesitamos cuando nuestra existencia se empantana en la mediocridad, en el simple paso de un día, y otro, y otro. Llach nos habla de un anciano que, sentado en una taverna junto al mar, con el periódico en la mano, piensa en todos los placeres que en su juventud se negó, por miedo, prejuicios o por pensar que, mañana, ya tendría tiempo de hacerlo. Ahora ya es viejo, se arrepiente, ha desaprovechado lo que la vida le ofrecía de joven “i té temps, massa temps per veure-ho”.

Despertar: Representa magníficamente la vena comprometida socialmente de Llach. Todavía queda tiempo de levantarse, de negarse a aceptar que siempre nos toca perder, debemos mirar más allá de la espesa niebla, avanzar, despertar. La conciencia de un pueblo oprimido cantada por un Llach que vivió en primera persona el yugo franquista.

Si arribeu: Pertenece al excelente disco I si canto trist. Una de sus mejores letras, con una melodía in crescendo, él y su piano: “I perquè sé que vosaltres anireu més lluny que jo, estic gelós i content, molt gelós i content, de la sort que heu tingut, de la sort que tindreu”.

Roda: Canción dedicada a su íntimo amigo y colaborador, ya fallecido, el poeta Miquel Martí i Pol. Para mi sigue siendo un misterio, una canción fascinante, concéntrica, habla de la rueda que gira que es el tiempo, repitiendo la melodía mecánicamente, como una rueda, al ritmo de las pesadas agujas de un viejo reloj de pared, y Llach a la guitarra, acariciando las notas, mesando cada palabra.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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