En el año 2003 se editaron por primera vez en formato digital cuatro importantes discos de Neil Young hasta entonces inéditos en CD.
Muchos oÃmos en ese momento por primera vez estas no demasiado populares obras del artista canadiense: el desenfocado American Stars ´n Bars (1977), que incluye el clásico Like a Hurricane, un tranquilo y sencillo, sin trampa ni cartón, Hawks & Doves (1980), el roquero y abstracto Re-ac-tor (1981), con Neil y sus Crazy Horse a toda máquina y On the beach (1974), la joya de la colección, el hermano menor de aquel oscuro hasta llegar a lo trágico Tonight´s the night (editado en 1975, pero grabado un año antes que On the beach).
Escuchar cuatro discos “nuevos” de Neil Young en el 2003, cuando llevas siguiendo a este hombre desde los 13 años (nota sentimental: todavÃa me recuerdo con mi padre, yendo un sábado, dÃa de mi cumpleaños, a Discos Pelayo y comprándome el casete de Harvest) es un privilegio que prueba que su discografÃa es a veces inabarcable, tantas etapas, tantos discos, Buffalo Springfield, Crosby, Stills, Nash & Young… ser fan de Neil requiere dinero, tiempo y mucha paciencia. Lo más extraño empero, es que un disco tan absolutamente esencial como On the beach no hubiese aparecido antes en CD, o que se haya obviado su revisión crÃtica en favor de opciones más evidentes y populistas (Harvest, Rust never sleeps, Ragged Glory…). Con sus resoplidos de tristeza en la lejanÃa, con ocho canciones a las que el término intimista se les queda corto, sin posibles clásicos, sin singles a lo Heart of Gold, con esa portada surrealista en versión Americana, On the beach es un disco que gusta a los amantes fieles de Neil Young porque es como ese perfume, o esos pendientes, o esa sonrisa que una mujer se pone muy de vez en cuando, con el deseo de hacernos felices únicamente a nosotros.
Neil entrevistado por la revista Wired: “He de intentar como sea conseguir que la gente no lo perciba [mi nuevo disco] como “otro disco de Neil Young”, porque todo el mundo piensa que sabe lo que es eso. El reto es recordarles que no tienen ni idea de lo que realmente es”. Como pista para entender qué piensa Neil Young antes de grabar cada disco, no está mal, y en el caso de On the beach, está claro que Neil esquiva a propósito el concepto que la gente tiene sobre “otro disco de Neil Young”, y compone un Lp encerrado en su propio universo, inaccesible para los que en la época esperasen otro After the gold rush. Él estaba por otros temas, en un estado reflexivo, tratando de entender la difÃcil situación amorosa por la que pasaba en 1974, y quizás intentando racionalizar su estatus como rock star.
Ya he dicho que On the beach podrÃa ser el hermano menor de Tonight´s the night, más desgarrado y dramático el segundo, plácidamente triste, melancólico el primero. Pero solo por eso, porque no veo razón para considerar Tonight´s the night un disco más importante, más oscuro sÃ, pero no de mayor peso. Grabados uno detrás del otro, son el sentido testamento de una etapa confusa para su creador.
Para plasmar en vinilo este difÃcil periodo vital, el artista se rodeará de sus Crazy Horse, además de David Crosby, Stephen Stills y Graham Nash, y Levon Helm y Rick Danko, baterÃa y bajista ambos de The Band, junto con Ben Keith, otros de sus fieles colaboradores puntuales.
Temas del disco:
Walk on: Neil Young abre el disco vestido con las galas de Crazy Horse, en poco más de dos minutos de la tan querida fiereza diesel del caballo loco.
See the sky about to rain: Neil toca el piano y canta en solitario los primeros versos, situando el ambiente del resto del disco, tranquilas aunque punzantes instrumentaciones formarán a partir de este momento una melancólica sinfonÃa con gotas de blues, folk y country. No llegarán a penas más arrebatos eléctricos (a excepción de Revolution Blues), ni melodÃas clásicas, pero sà ocho canciones que debes escuchar sin interrupción, y que constituyen ellas solas un solo paisaje abandonado después de la tormenta.
Revolution blues: Con la extrañeza de tener en una misma canción a David Crosby en la guitarra rÃtmica, Rick Danko al bajo y Levon Helm a la baterÃa, Revolution blues es lo más parecido a lo que Neil Young harÃa con sus Crazy Horse en álbumes como Zuma o, ya en los 90, Ragged glory, que en sÃntesis es construir arquitecturas sónicas basadas en la distorsión de las guitarras, los estridentes solos de Neil y en la retaguardia, el bajo y la baterÃa aguardando el asalto. Sonido Crazy Horse, inimitable, épico, delirio eléctrico. Revolution blues un tema enrarecido que toma como excusa argumental la matanza de la familia Manson en Cielo Drive, y descoloca con frases como “Well I hear that Laurel Canyon is full of famous stars / But I hate them worse than lepers and I´ll kill them in their cars”, miedo me das, Neil.
For the turnstiles: Un sabor rural en el paladar, en contraste con la oblicuidad de Revolution blues. Banjo y dobro, y Neil y el omnipresente Ben Keith doblando voces.
Vampire blues: Blues tenuemente iluminado por el órgano de quién si no, Ben Keith, y un enigmático texto de Neil. Canción reposada y humilde, como la anterior, aperitivo previo a las siguientes y verdaderamente importantes canciones del disco.
On the beach: En un fundido a negro que nunca llega a oscurecer del todo, On the beach atraviesa tortuosamente paisajes en penumbra, e imaginamos a un Neil Young cabizbajo, perdido en una calle sin fin, repitiendo las mismas frases: “I need a crowd of people / but I can´t face them day to day”, o “Tough my problems are meaningless, that don´t make them go away”. La clave musical a la que juega Neil en todo el disco se encuentra aquà en toda su plenitud.
Motion pictures (for Carrie): Neil dedica este tema a Carrie, mujer a la que estuvo unido después de su primer matrimonio fallido. El terco desamparo de On the beach gana ahora dulzura con el manto acústico, la tÃmida armónica y un Neil menos crispado.
Ambulance blues: Un final de disco extraordinario. Este y los dos temas anteriores, aunque carezcan de ese punto melódico y enérgico que les haga convertirse en clásicos younguianos, sà poseen más sentimiento que tantos discos que el canadiense firmarÃa en el futuro, y conectan con la fibra del oyente de tal manera que, ellos solos, pueden cambiarte el dÃa, o al menos, la forma que tienes de ver las cosas que ocurren. Este final Ambulance blues, con la guitarra acústica, el violÃn, la maravillosa sensibilidad de Neil al entonar la melodÃa, llega a los 9 minutos sin que resulte por ello una carga, y si una agradable consecuencia de lo escuchado en todo el disco, el lazo con el que empaquetamos todas las demás canciones en una misma caja. Una canción mayor de Neil que sin embargo no quiere serlo y rehuye a cualquier argucia para hacerse más atractiva, quedándose finalmente en lo que es: la parte final de ese fundido a negro que empezaba con On the beach, la canción. El momento en el que todo, por fin, oscurece.

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MundoMúsica | Discos | On the beach, de Neil Young (1974)

