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Secret South, de 16 Horsepower (2000)

Si uno leyera la crítica de una banda desconocida y leyera algo como “captan el poder de dios y la vibración de la tierra donde han nacido”, pensaría de dónde ha salido un crítico que defina a un grupo de forma tan grandilocuente, y luego se aseguraría, por si acaso, de no escuchar jamás ninguna canción de unos tipos que buscan a dios y nosequé de la tierra…

Pero esa es la esencia de uno de los grupos de música americana más originales de los últimos 15 años. 16 Horsepower proceden de Denver, Colorado, y crean una música que comunica directamente con el paisaje de su tierra, con el desierto, con las vastas extensiones de las Rocosas, con el cielo previo a la tormenta ceñido sobre el hombre empequeñecido. La tierra por un lado, dios por otro. La religión ha sido un hecho vital para David Eugene Edwards, líder de 16 Horsepower (el resto de la banda: Jean-Yves Tola a la percusión y batería, y Pascal Humbert al bajo), es nieto de un predicador nazareno y vivió varios años de su infancia recorriendo Colorado junto a su abuelo, sin embargo a los 17 años, Edwards contrae matrimonio y centra sus inquietudes religiosas en el cristianismo. El paisaje y la religión como manto poético con el que crear un sonido aplastante son la marca de fábrica del grupo, un estilo necesariamente grandilocuente, que va de lo físico (la tierra) a lo etéreo (dios), entre silencios de peso inabarcable y explosiones sonoras como tormentas de arena, 16 Horsepower es un concepto que une a Ingmar Bergman con John Ford y Sergio Leone, una banda que se ocupa de temas grandes con música grande.

Sé que debería borrar el parágrafo anterior y renunciar definitivamente al intento de definir –acotar- la música de una banda que, a diferencia de tantas otras, no ha tocado mi corazón de forma tangencial, sino que directamente ha caído cuál puñal en su mismo centro. Por eso llevo la música de David Eugene Edwards incorporada a mi respiración, es algo constante, como la sístole-diástole de mi vida. Y no es esta una metáfora cardiaca barata, sé que son sensaciones que comparto con mucha gente, porque 16 Horsepower arrastran a cada disco mayor número de fans, tanto americanos como localizados sorprendentemente en la Europa central, en los Países Bajos y Francia.

En una carrera que empieza en 1992, 16 Horsepower han conseguido superarse a cada entrega discográfica, siempre con los mismos temas, con el mismo corsé sonoro, aunque profundizando de una manera alucinante en su propio universo, hasta tal punto que uno teme si no quedarán ya capas por extraer y si todo habrá quedado dicho en su último disco Folklore, de 2002. 

Low Estate es el primer Lp de la banda, y está producido por John Parish (recordar sus colaboraciones con PJ Harvey), más tarde llegarían Hoarse (2000), y este Secret South que se me antoja como su obra más perfecta por cuanto resume lo que eran 16 Horsepower hasta esa fecha, y adelanta lo que serán en el próximo lustro. Por último, Folklore es su obra más metafísica y reconcentrada hasta hoy, y en el 2003 recopilan demos y tomas en directo de sus primeros años en la maravilla llamada Olden, que recomiendo para quién no haya escuchado nada de ellos.

Secret South sitúa sobre un paisaje desértico, en medio de una de esas eternas escenas de Sergio Leone, quizás con Charles “Harmónica” Bronson mirando en un estado temporal suspendido al villano Henry Fonda en Hasta que llegó su hora, sitúa, digo, todas las influencias musicales que han contribuido a crear el personalísimo discurso de Edwards y su banda. Hablo del mismo ambiente punk en el que empezó a dar Edwards sus primeros pasos, de Birthday Party y de Nick Cave, de The Gun Club y Violent Femmes, evidentemente de la poesía y la actitud de Johnny Cash, de Bob Dylan y Leonard Cohen, y de influencias muy personales de Edwards, como son la música tradicional húngara o Joy Division.

Las canciones de Secret South tienen esa esencia de Spaghetti Western que le sirve a Edwards para, con una voz sabia e hiriente, indisoluble de la guitarra, el acordeón o el banjo que él mismo toca, trazar lamentos a las puertas de la muerte, búsquedas imposibles de la Verdad, dudas vitales, promesas y perdones al borde del precipicio. En una obra de tal calado, con una musicalidad que prácticamente no había sido escuchada antes, es imposible encontrar temas mejores y temas peores. Secret South se experimenta como un viaje a lo más hondo –o lo más elevado- del alma, como una bergmaniana narración que empieza a trote, con la tormenta de guitarras acústicas y la urgencia del primer tema Clogger, el momento más rugiente de un disco que luego tira de las riendas y avanza más lentamente con la versión de Wayfaring Stranger y el banjo de Edwards marcando la soledad del hombre como ningún otro instrumento podría hacerlo. Los violines situados como aderezo del drama cinematográfico que es este disco, aparecen en Cinder Alley, que adelanta mucho del peso metafísico del futuro Folklore.

En Burning Bush aparece el piano trabajando cada compás con gravedad, una slide como el eco del desierto y un increíble estribillo con la voz distorsionada de David. La intro al órgano, como el amanecer después de la derrota, en Silver Saddle es otro portentoso instante de temporalidad detenida que nos lleva al banjo saltarín de Praying Arm Lane y David mascando unos textos que te atraviesan como las plegarias a un fiel: “Oh my dream come an take me quickly / ‘Fore the struggle take me / Yea lay me down any way you chose / And let the voices of our children wake me”. Es en esta Praying Arm Lane, en las frases que inician Just like birds (”Little Johanna girl of my prairie / Help me fill this house with living words”) y en Nobody Cept you, la versión de Bob Dylan situada en la recta final del disco, regalo que David y el resto del grupo tocan diría que iluminados por una magia irrepetible, donde encuentro un placer que, a fuerza de repetirlo, no hace sino afianzarse en mi corazón. Es esa puñalada en el centro del corazón de la que hablaba al principio.

Si has escuchado a 16 Horsepower sabrás de lo que hablo y por supuesto te sobrará todo lo que he escrito, si no los conoces, deja que entren en tu vida, jamás te dejarán de lado.

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...por Marc Monje ...por Marc Monje


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