Al hablar de grandes compositores clásicos se nos viene a la cabeza nombres tales como, Beethoven, Mozart, Vivaldi, Verdi o Chaikovsky.
MÃticos músicos muy conocidos y reconocidos, pero existen otros muchos nombres (quizás no “tan populares”) que engordan esta lista de maestros de la música clásica y, precisamente, éste es el caso del siguiente compositor que van a conocer en profundidad, el musicólogo ruso Serguéi Prokófiev. Pianista y compositor muy precoz a pesar de sus agresivas asperezas tÃmbricas y de su exasperado dinamismo rÃtmico, revela una constante inclinación hacia la efusión melódica.
Prokófiev habÃa nacido el 23 de abril de 1891 a las cinco de la tarde, en Rusia. Su familia pertenecÃa a la pequeña burguesÃa rusa y su padre, que era agrónomo, habÃa adquirido una propiedad en el pueblecito de Soncovka. La vida en la aldea era muy monótona y, en consecuencia, el piano se convertÃa en la principal distracción. De este modo, el pequeño Serguéi pudo desarrollar muy pronto sus precoces cualidades como pianista y compositor gracias a las enseñanzas de su cultivada madre que, le proporcionó un profesor de música, Reinhold Gliére (que se convertirÃa en un insigne profesor y compositor) para someter a disciplina el talento que el niño tenÃa ya con tan sólo cinco años.
Asà que, Serguéi a los nueve años terminó de escribir su primera ópera llamada El gigante (gracias al aprendizaje del idioma francés) que fue ofrecida en casa de un tÃo suyo que, al final de la representación, dijo al pequeño autor: “Cuando tus obras sean representadas en los Teatro Imperiales, recuerda que empezaste aquà tu carrera”. Quedaba patente el gran talento innato de Serguéi hacia su gran vocación, la música. AsÃ, pues, cuando ingresó en el Conservatorio de San Petersburgo era considerado una segura promesa de la música rusa.
En 1924, Prokófiev realizó un viaje a Londres con objeto de que los Ballets Russes interpretaran una partitura suya. En aquel punto ya podÃa considerársele un músico completo y con una personalidad muy marcada. Dos episodios ocurridos en su patria lo habÃan destacado de manera definitiva: la primera interpretación pública, con relativo escándalo, de Concierto nº. 2 para piano y orquesta y la victoria en el concurso Rubinstein para pianistas, conseguida contra el juicio de la comisión examinadora.Â
El compositor soviético viajó a Italia, lugar donde maduró el proyecto de otro ballet, esta vez inspirado en los cuentos rusos, El bufón, la cual se puso en escena después de la guerra, el 17 de mayo de 1921, en ParÃs y era una trama grotesca, en la que el protagonista lleva a cabo sus hazañas a expensas de gente excesivamente crédula. La inspiración de El bufón la encontró durante su infancia en Soncovka cuando escuchaba los cantos populares de las muchachas del pueblo. Mientras tanto, hubo otras muchas composiciones del laboriosÃsimo maestro ruso que vieron la luz: la ópera El jugador (representada con retraso en Bruselas en 1929) dos Sonatas para piano, la cantata Son siete (reflejó el clima de la Revolución, que sorprendió al músico en San Petersburgo) y la SinfonÃa nº.1 llamada Clásica.
La aventura norteamericana de Prokófiev ocurrió entre los años 1918 y 1921, pero dada la desfavorable acogida que tanto el público como la crÃtica reservaron al compositor ruso, dicha aventura no fue muy positiva, por tanto el maestro se dio cuenta que su espacio personal estaba en Europa, donde regresó en 1922. En efecto, se instaló en ParÃs que pasó a convertirse en el centro de sus actividades. En la capital francesa fueron apreciadas positivamente sus composiciones, entre las que destacan la SinfonÃa nº.2 y el Quinteto op. 39, en los que se manifiestan las influencias de las diferentes vanguardias. Prokofiév regresó a Rusia, su patria natal, después de nueve años y allà compuso la partitura de su nueva ópera El ángel de fuego, cuyo tema central procedÃa de un cuento de Valeri Briusov, gran poeta y literato ruso. En cuanto a esta ópera no fue puesta en escena hasta 1955, dos años después de la muerte de su autor, y su estreno tuvo lugar en Venecia. Sin embargo, se trata de una de las obras maestras teatrales de Prokófiev, que sacó de la partitura el material temático para su SinfonÃa nº.3.
Durante la segunda etapa de su vida que transcurrió en Rusia, la producción del maestro soviético fue muy abundante, su capacidad de trabajo era impresionante, no paraba de crear incluso estando enfermo, tal y como afirmó su segunda esposa Mira Mendelson (Prokofiév se habÃa casado ya por primera vez en 1923). La primera composición escrita después del retorno a su tierra fue la banda sonora de una pelÃcula, El teniente Kijé, después de esta pieza destinada al cine compuso el Concierto nº.2 para violÃn y orquesta y el gran ballet Romeo y Julieta, representado en la Unión Soviética en diciembre de 1940, cuando el paÃs ya vivÃa el horro de al segunda guerra mundial.
Un año más tarde el compositor soviético, junto con otros cineastas e intelectuales soviéticos, se vio apartado del teatro a causa de la guerra, mientras estuvo trabajando en la banda sonora de una nueva pelÃcula de Eisenstein, Iván el Terrible y en la obra Guerra y paz (inspirada en la novela de Tólstoi) y, tal y como expone el propio Prokofiév: “El 22 de junio de 1941, los nazis atacaban la Rusia soviética. En aquellos dÃas se precisó el proyecto de componer mi ópera, sacada de la novela de Tolstói (…)”. Los últimos años del músico soviético se vieron amargados por las acusaciones que le dirigieron las autoridades del régimen, las cuales sometieron a los músicos rusos a una severÃsima valoración crÃtica y reprendieron a aquellos que se habÃan apartado de los principios del Realismo socialista.
Finalmente, Serguéi Prokofiév falleció un 5 de marzo de 1953 a causa de un ictus cerebral, el mismo dÃa que murió Stalin. Sviátoslav Richter, el gran pianista, al enterarse de la muerte del musicólogo comentó que no habÃa que llorar, porque no hay que llorar la desaparición de un gran artista. AñadirÃa…de un artista con un talento y unas dotes innatas…
Quedándonos, por último, con estas emotivas palabras de Richtler hacia el gran compositor soviético y recapitulando sobre lo expuesto se me viene a la cabeza la siguiente pregunta…creen ustedes, en el caso concreto de Prokoviéf que… ¿el artista nace o se hace?

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