Se formaron en Londres, alrededor de 1965. Kenney Jones era el baterÃa, Ronnie Lane bajo y voz, Steve Marriott guitarra y voz e Ian McLagan teclado.
La importancia de Small Faces descansa en la reputación comercial y crÃtica de la que gozaron en la segunda mitad de los sesenta, primero como grupo de exitosos singles comerciales para la compañÃa Decca (la misma que tuvo en nómina a los Rolling Stones de Brian Jones), luego como experimentadores pop con el homónimo álbum de 1967 al que dedicamos este artÃculo en MundoMúsica, y su continuación Odgen’s nut gone flake, ambos para el sello Inmediate, propiedad a su vez del primer manager de los Stones, Andrew Loog Oldham.
Igual de esenciales son también las ramificaciones en las que se dividió el grupo una vez disuelto, convirtiéndose en nido creativo del que partieron Ronnie Lane, Kenney Jones e Ian McLagan para formar los Faces junto con Ron Wood y Rod Stewart, y Steve Marriott para crear Humble Pie.
Un disco como Small Faces -en USA lo titularon (There are but four) Small Faces- sirve como ningún otro para entrar por la puerta grande en una segunda mitad de los sesenta en la que lo normal y popular era ser un artista vanguardista, radical. Nunca ha vuelto a darse un periodo asÃ, en el que ejecutivos y compañÃas discográficas ficharan a bandas determinadas con la intención de que arriesgaran y fueran cuanto menos comerciales mejor. Los Beatles del Sgt. Peppers, el Pet Sounds de Brian Wilson y los Beach Boys y el contexto esencialmente libre de la psicodelia en general hicieron posible un panorama musical inaudito, al que se apuntaron grupos que, como los Small Faces (y los Zombies y The Nazz, The Pretty Things…) llevaron el pop, y con ello, el gusto musical del pueblo, un paso más allá.
En 1967, la banda de Lane, Marriott y compañÃa se encontraba en un pasaje difÃcil. HabÃan fichado por Inmediate después de una corta, exitosa y traumática carrera en Decca. Era la oportunidad para hacer renacer a unos nuevos Small Faces tan comerciales como en Decca, pero además, ambiciosos artÃsticamente. La nueva compañÃa les cedió confiada al ingeniero Glynn Johns y los Olympic Studios de Londres para que grabaran el Lp que les situarÃa o bien en la Champions League del pop, junto con los Beatles o los Kinks, o en la parte media de la tabla, ocupada por docenas de bandas que no llegarÃan nunca a ningún sitio importante. El resultado fue un triunfo a todos los niveles. Las 14 canciones de Small Faces mostraban una banda ambiciosa, probando innumerables combinaciones instrumentales, manoseando sin vergüenza diferentes velocidades de grabación, varios tipos de teclados, campanas, vientos y congas, y escribiendo textos adultos, considerando en suma el hippismo y la psicodelia como oportunidad de libertad creativa ayudada, por supuesto, por las drogas, verdaderos pinceles con los que representar aquello que no habÃa sido pintado nunca.
Dejando de lado Small Faces, el álbum, es obligado destacar los dos históricos singles que, grabados poco después, permanecen de alguna forma ligados a lo que es el propio lp, tanto cronológica como estilÃsticamente; incluso la nueva reedición del disco los incluye a ambos junto con sus caras B, como parte integrante de un periodo autónomo en la carrera del grupo. Itchyco Park, el primero de ellos, llego al número 3 en Gran Bretaña, y constituye uno de los mejores temas compuestos por Ronnie Lane y Steve Marriott. Los versos, deliciosos y poéticos, la atmósfera liviana, onÃrica, el intermedio sideral y confuso tÃpicamente psicodélico, la melodÃa preciosista, y los coros declarando su amor irremediable por la causa del acuario: “It’s all too beaufiful”. Itchyco park define toda una época y no pierde sus cualidades expresivas casi cuarenta años después. El segundo de los singles es la atómica Tin soldier, para mi uno de los singles más impactantes de los sesenta. Lo han definido como rock-soul épico, un tema cuya mecha arde desde la intro inicial, donde primero piano y órgano, luego baterÃa, bajo y una guitarra famélica, se van enmarañando en un tornado eléctrico que desemboca en un potente caos instantáneo al que sigue la voz de Steve Marriott declarándose un “pequeño soldado de hojalata”, un Marriott que durante toda la canción muestra un poderÃo, una rabia soul capaz de apuñalarte el sentido a cada escucha. Tin soldier es un tema complejo, construido con meticulosidad a la vez que potente y desgarrado. El mismo grupo intuÃa lo que tenÃan entre manos cuando terminaron de grabarlo, sabÃan que instrumentos y voz desprendÃan en esos 3 minutos 21 segundos una rara pasión, una quÃmica casi nuclear.
Apartándonos de estos dos asombrosos singles, Small faces ofrece también momentos indiscutibles, alguno de ellos:
Green circles: Hermana de Itchyco Park en su encantamiento anfetamÃnico. Un tema extraño que deja clara la intención de la banda de experimentar en el estudio y dejar de preocuparse en si los temas sonarán bien en directo.
Talk to you: LÃnea de acordes contundente, rellena con guitarra y piano, y otro tema soul de un grupo que no dejaba que los tentadores faders y los efectos de la mesa de mezclas ensombrecieran la tensión directa de una banda de rock.
Momentos a los que cabrÃa sumar por ejemplo el cachondeo circense de All our yesterdays, la energÃa acústica que abre el álbum, (Tell me) Have you ever see me, o la celebración con órgano correoso entre los versos de Something I want to tell you, aunque de cada uno de los 14 temas cabe extraer instantes de semejante gloria musical. Experimentación e imperiosa energÃa juvenil, allà estaban los Small Faces en 1967.

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Momentos inolvidables me regala el disco “Small Faces” del 1967. Creo que no podrÃa vivir sin escucharlo.