Leí una crítica de XXX en VH1: “Dada la fuerza de estas canciones, es una pena que la banda vaya a pasarse todo su próximo tour tocando de nuevo los clásicos mil veces oídos como La Grange para tíos que se desmadrarían al estilo Woodstock’ 99 si les desafiaran con los comparativamente provocativos temas de XXX”.
Al final, claro, el trío más famoso de Texas tocó en su tour lo que tenía que tocar, y ningún sureño fanático del grupo tuvo que soliviantarse por verse obligado a escuchar esos provocativos temas nuevos.
Pero, a fin de cuentas, lo que queda para la historia son los discos. Y encontrarse con XXX después de haber seguido la carrera de ZZ Top desde su primer disco, First album (1970), es una experiencia que te pone de vuelta y media, ¿qué significa ese sonido?, ¿cómo lo han conseguido?, ¿de verdad son ZZ Top los que tocan? Si a todas las preguntas, y una rotunda afirmación: XXX es uno de los tres discos más importantes de ZZ Top. Y ahora, flashback…
ZZ Top se formó hace unos 35 años en Texas. Durante los setenta, arrasaron en su país con una banda sonora que mamaba del blues y el rock para formar un original potaje en el que todas las líneas estilísticas confluían en su propia visión del boggie, un sonido pausado y tranquilo a la vez que rítmico y sensual, nunca con aspavientos ni estallidos de guitarra, siempre con elegancia. El sonido de la guitarra de Billy Gibbons pasó a ser un referente para cualquiera que quisiera entender que se cuece en la música del sur de Estados Unidos, sus cualidades: técnica impoluta, detalles de gran inventiva y ningún exhibicionismo. El bajo muy pero que muy básico de Dusty Hill y la batería de Frank Beard completaban el trío, al que habría que sumar las icónicas barbas que con los años se dejaron crecer.
Después de los invariablemente notables discos de boggie-rock de su etapa clásica (el capital Tres hombres de 1973, Degüello del 79, con el imperecedero I´m bad I´m nationwide, o El Loco, de 1981), el trío se pone las pilas y decide currarse un sonido actual, a la vez que ultra-comercial, ¿sintetizadores? claro ¿docenas de efectos para barnizar la guitarra de Gibbons? desde luego ¿batería electrónica? por supuesto, ¿vídeo clips calentones con mozas de grandes pechos? faltaría más. Con estas premisas, venderán millones de copias de Eliminator (1983) y su single patrimonio de la humanidad Gimme all your lovin´, y Aferburner, de 1985. Aunque la operación era un alarde de marketing a la búsqueda desesperada de la American Express Platinum, el nuevo sonido de la banda seguía siendo atractivo, y a pesar de los trucajes en estudio no habían abandonado del todo sus raíces blues. El panorama seguiría invariable (discos de corte comercial, más presencia de la electrónica y por otro lado, pereza generalizada a la hora de editar discos, cada vez más espaciados unos de los otros) hasta la señalada fecha de 1999.
Se cumplían 30 años del nacimiento de la banda, y el grupo decide bautizar a su nuevo disco como XXX, en referencia a esta onomástica. Y lo que pintaba como una obra del estilo del bonito aunque sobre-producido Antenna (1994), se convierte en una deforme masa de electricidad, grasa, sexo, humor guarro y rock n´roll al buen estilo de los ZZ Top de siempre. El primer tema del disco, Poke chop sandwich, ya sitúa en el caliente asfalto lo que vamos a escuchar: la ahorrativa guitarra de Billy más distorsionada y pastosa que nunca, y las voces arenosas, como gargantas resecas alimentadas con infusiones de bourbon sumidas en un burbujeante y orgánico sonido, sientes cada canción en las tripas, casi diría que XXX no lo oyes sino que lo mascas como si fuera el tabaco más rancio y lo digieres como el cocido más pesado. Lo mejor sin duda de este inesperado regalo de una banda aburguesada en sus cuentas bancarias y sus devaneos con la familia Bush, es este sonido sin par, increíblemente ya no es la música de tres ricachones aburridos, sino el sonido de tres viejos y sucios canallas del medio oeste. Realmente, merecían una felicitación y un brindis con el tequila más incendiario de Nuevo México.
XXX lo forman doce canciones, ocho en estudio y cuatro cortes grabados en clubs de Los Ángeles y Texas. La intención de la banda era editar un disco en directo grabado en salas pequeñas, con calor, sudor y contacto directo con su fiel público redneck, pero finalmente decidieron dejar para el disco 4 temas en directo (entre ellos una nueva versión de su pequeño hit del álbum Antenna, Pincushion, rebautizada como Sinpusher, y una relectura a lo bruto del (Let me be your) Teddy Bear de Elvis) y 8 piezas en estudio.
De los temas en estudio destacan como un todo, piezas que se unen unas a otras formando la nueva orfebrería sonora del grupo. Del sarpullido de Poke chop sandwich, a las ciénagas sonoras de Fearless boogie, y del vacilón 36-22-36 (con sus letras tan surreales como llenas de humor machote, ZZ Top total: “What, what chu you want? / My thing is a real fine thing / It´s a thing it´s a real fine thing / It ain´t broke it don´t need a fix / 36-22-36″) al blues baladístico Made into a movie que embutida en el nuevo corpiño sonoro del grupo deja de ser todo lo comercial que habría podido ser de grabarse para discos como Eliminator o Afterburner.
XXX no deja de deparar sorpresas, sino pararos en Dreadmonboogaloo, yo no entiendo (ni quiero) de electrónica, pero apuesto a que Moby no le haría ascos a este tema; se trata de un trip que nada entre la electrónica y los efectos de sonido y unas guitarras castradas a medio sonar; sorprendentemente, como en este disco ZZ Top parecían tenerlo todo de cara, el tema resulta que funciona ¡es perfecto!
Un disco caluroso y sucio, con sentido del humor, con rock y blues, parido en la ardiente y recta carretera tejana, o quizás en un viejo garaje de reparación de custom hot rods, o entre trago y trago de tequila en algún pueblucho de la frontera con México. Los tipos supieron ponerse el grasiento mono azul de las grandes ocasiones y grabar su mejor obra en décadas.
A XXX le seguiría cuatro años después una nueva obra en estudio, Mescalero (2003), que parte del mismo hallazgo sonoro de XXX, aunque con desigual fortuna en la composición de los temas, y perdiendo el factor sorpresa.

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“XXX” es un buen disco para escuchar el mejor estilo de ZZ Top. Un disco fuerte y lleno de energía.